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Las barajitas repetidas, por Aglaya Kinzbruner

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A partir de la década de los cincuenta el entusiasmo por las barajitas fue una cosa tan pronunciada como esa enfermedad que sufren algunas mujeres en la menopausia, el furor uterino, terrible malestar que, no tiene respeto por posición social alguna y del que sufrieron incluso algunas en importantes posiciones de poder.

Según el historiador Tácito, la tercera esposa del emperador Claudio, Valeria Mesalina, fue la más audaz de las ninfómanas. Casada con él a edad temprana, cuando no se encontraba, se iba a un burdel y desafiaba a las prostitutas de despachar más clientes que ellas. Además de los hombres le gustaba mucho el dinero.

Denunciada por el liberto Narciso fue ejecutada. Sin embargo, ahora como entonces no se puede creer todo lo que se lee, Cayo Cornelio Tácito (55-120 AD) no era gran amigo de la dinastía Julio/Claudia.

Volviendo a las barajitas, los chicos llevaban sus á lbumes a todas partes con sus barajitas pegadas, buscando las que faltaban y, además, unas repetidas para poderlas intercambiar con nuevas. Las horas del recreo, el almuerzo, cualquiera, eran muy oportunas.

Algunas estaban patrocinadas por importantes firmas y aquellas sobre regiones de Venezuela tenían indudablemente un gran valor pedagógico. Hubo barajitas sobre el fútbol, béisbol, comiquitas, amor, como «Amor es» y muchas más. Tanto así que surgió en aquella época un dicho, que es válido hasta el día de hoy, barajita repetida no llena álbum.

De ahí viene justamente la sorpresa con respecto al uso de la estrategia política de la barajita repetida cuando la historia está repleta de grandes estrategas políticos, de los cuales se podría aprender mucho, Napoleón Bonaparte, francés, el más grande de todos, Carl von Clausewitz, alemán, quien escribió un libro sobre la guerra que no debiera faltar en ninguna biblioteca que se repete y cuya frase más importante fue «La guerra es la continuación de la política por otros medios» y Camilo conde de Cavour que consiguió la unificación de Italia.

Sin embargo, viendo los sucesos dentro de un marco que engloba procesos políticos internacionales, la estrategia de la barajita repetida no resulta tan llena de estulticia como parecía en un comienzo. También fue en un tiempo y quizás lo sea todavía política de la CIA poner una persona malvada en situación de poder para destruir una peor todavía.

Además hay que ver lo que es tener verdaderos enemigos naturales cuando uno trata de poner orden en un país donde no hay agua ni luz y también tantas necesidades como las hay.

*Lea tambiém: El camino corto, por Fernando Luis Egaña

En primer lugar, están las iguanas, reptiles ingratos e ignorantes que se comen los cables de la luz, saboteadores que pueden ser animales o humanos, según el etólogo y zoólogo Desmond Morris, el hombre no es sino un mono desnudo (El mono desnudo – The Naked Ape publicado en 1967), terroristas que destruyeron torres de transmisión en Anzoátegui y last but not least, el ¡sol! que ahora criminalmente dirige sus rayos al revés para causar un terrible cambio climático, casi un climaterio, perdonen la asociación de palabras, qué diría nuestro amigo Sigmund y claro así aumentará el calor con todas sus terribles consecuencias.

Con enemigos como estos, ¡realmente no se puede!

Aglaya Kinzbruner es narradora y cronista venezolana.

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