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Tocoma: miles de millones enterrados en una represa que nunca funcionó

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La Central Hidroeléctrica Manuel Piar, conocida como represa de Tocoma, fue presentada como una solución estratégica para garantizar el suministro eléctrico en Venezuela durante el gobierno del difunto Hugo Chávez. Dos décadas después, el proyecto permanece inconcluso, sin generar energía y convertido en uno de los mayores símbolos de corrupción y mala gestión en la historia reciente del país.
Una promesa que terminó en ruina
El proyecto fue aprobado en 2002 y comenzó a ejecutarse entre 2005 y 2007, en pleno auge petrolero. La meta era clara: incorporar más de 2.000 megavatios al sistema eléctrico nacional y reforzar la estabilidad energética. La obra debía estar lista en 2012. Nunca lo estuvo.
Hoy, Tocoma sigue sin operar. No ha producido ni un solo megavatio. Costos triplicados, resultados inexistentes El presupuesto inicial rondaba los 3.000 millones de dólares. Con el paso de los años, la cifra se disparó hasta superar los 9.000 millones.
Para 2014, ya se habían desembolsado cerca de 10.000 millones de dólares. El resultado: una infraestructura incompleta, deteriorándose con el tiempo, que no cumple ninguna función.
No es solo un retraso. Es dinero perdido. Una obra paralizada durante más de una década. Desde 2014, la construcción quedó prácticamente detenida. Más de diez años después, el proyecto sigue sin avances significativos.
El país no solo perdió el dinero invertido. También perdió una infraestructura clave que hoy sería vital en medio de la crisis eléctrica.
Corrupción y opacidad
La ejecución estuvo en manos de la constructora brasileña Odebrecht, implicada en el mayor esquema de sobornos de América Latina.
Venezuela fue uno de los principales focos del escándalo. Millones de dólares en pagos ilícitos sirvieron para asegurar contratos, inflar costos y prolongar obras sin control.
Tocoma se convirtió en un ejemplo claro de ese modelo: sobreprecios, retrasos injustificados y ausencia total de rendición de cuentas.
El contraste: apagones en todo el país
Mientras miles de millones se desviaban o se perdían en proyectos inconclusos, el sistema eléctrico venezolano entraba en colapso.
Hoy, amplias zonas del país enfrentan racionamientos, fallas constantes y apagones prolongados. Tocoma debía ser parte de la solución, pero nunca lo fue.
Un símbolo del modelo
Más que una obra inconclusa, Tocoma representa una forma de gestión: grandes anuncios, inversiones multimillonarias, corrupción estructural y resultados inexistentes.
Es el retrato de un sistema donde el dinero público se diluye sin consecuencias. Una represa que no genera electricidad, pero que sí deja una lección evidente. Prohibido olvidar!
Tocoma no es solo concreto abandonado. Es el reflejo de decisiones políticas, de corrupción sin castigo y de un país que paga las consecuencias en su vida diaria.
Mientras Venezuela sigue enfrentando apagones, una obra que costó miles de millones permanece inutilizada. Y esa es, precisamente, la historia que no se puede borrar.

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