Más de dos meses después del terremoto que golpeó con fuerza a La Guaira, la emergencia está lejos de haber terminado. Aunque las imágenes más dramáticas han desaparecido progresivamente de las redes sociales y de las primeras páginas, todavía hay familias buscando los restos de sus seres queridos, personas viviendo en refugios, una economía local severamente afectada y comunidades que siguen dependiendo de agua, alimentos y ayuda humanitaria.
Así lo describió la periodista Maryorin Méndez durante una entrevista con lapatilla en la que relató lo que ha visto en sus continuas visitas a las zonas afectadas y advirtió que el paso del tiempo está produciendo una peligrosa percepción de que la emergencia ya quedó atrás.
“La Guaira nos necesita más que nunca”, sostuvo Maryorin, quien explicó que, aunque la remoción de escombros ha avanzado considerablemente, todavía existen familiares y voluntarios que permanecen junto a estructuras colapsadas con la esperanza de recuperar cuerpos o restos de personas desaparecidas.
Para ver la entrevista en YouTube:
La periodista aseguró que el paisaje ha cambiado rápidamente debido al trabajo de maquinaria pesada y a las labores de limpieza. Calles que pocas semanas antes estaban cubiertas de escombros han sido despejadas y numerosas estructuras comenzaron a ser removidas. Sin embargo, detrás de esa transformación física persiste una dimensión humana mucho más difícil de resolver.
Méndez relató que algunos familiares han permanecido durante semanas frente a los escombros de grandes edificaciones, acompañados por voluntarios que continúan colaborando en las búsquedas.
Para la periodista, uno de los problemas fundamentales durante las primeras semanas posteriores al desastre fue la falta de organización.
“Yo decía: la ayuda llegó tarde. Pero es que no solo la ayuda llegó tarde”, explicó. Según su evaluación, el desorden y la falta de coordinación fueron factores determinantes en la respuesta inicial a la emergencia. Maryorin fue enfática al asegurar que, desde su perspectiva y por lo que pudo observar en el terreno, no se respetaron adecuadamente los protocolos que deberían aplicarse en labores de búsqueda y recuperación de cuerpos.
La difícil recuperación de los cuerpos
Uno de los relatos más duros de la entrevista estuvo relacionado con el trabajo de los voluntarios que continúan intentando localizar restos humanos entre los escombros.
Maryorin explicó que durante las primeras semanas algunos rescatistas improvisaban galerías para penetrar las estructuras colapsadas y buscar apartamentos donde presumían que podían encontrarse víctimas.
Con el paso de las semanas, agregó, las condiciones cambiaron considerablemente y la recuperación de restos se convirtió en una tarea todavía más compleja. Según testimonios recogidos por la periodista, la manipulación debe realizarse con extrema delicadeza debido al estado en que pueden encontrarse los restos.
Durante una de sus visitas recientes, Maryorin dijo haber conocido del hallazgo de un cráneo en una zona donde operaba maquinaria pesada.
A su juicio, la aceleración actual de la remoción de escombros revela también el interés de las autoridades por normalizar cuanto antes la situación.
“Yo siento que hay una necesidad de la autoridad de pasar la página”, afirmó, al considerar especialmente grave que, dos meses y medio después del terremoto, todavía existan familias buscando cuerpos entre estructuras destruidas.
Las donaciones disminuyen cuando todavía hacen falta
Otro de los problemas que preocupa a Maryorin es la reducción progresiva de la ayuda privada y de las donaciones.
Durante las primeras semanas, miles de venezolanos dentro y fuera del país se movilizaron para llevar agua, alimentos, medicinas y artículos de primera necesidad. Pero mantener ese esfuerzo durante meses resulta cada vez más difícil.
Maryorin puso un ejemplo sencillo: una persona que durante una semana financió cien sándwiches diarios para los voluntarios probablemente no tiene capacidad económica para continuar haciéndolo indefinidamente.
Mientras tanto, necesidades esenciales permanecen.
El agua se ha convertido, según contó, en uno de los bienes más preciados de la zona. En las calles incluso la llaman “oro”, mientras que al hielo lo han bautizado como “oro frío”.
Maryorin relató que ha creado informalmente una red de amigos que sabe que viaja con frecuencia a La Guaira. Antes de cada recorrido le entregan comida y agua para distribuir.
La demanda es tal que, cuando llega a algunas zonas con productos en su vehículo, las personas se acercan inmediatamente buscando ayuda.
Pero Maryorin insistió en que la solución no consiste únicamente en seguir enviando productos desde Caracas u otras ciudades. También considera importante que quienes quieran colaborar compren, cuando sea posible, productos directamente en La Guaira, para ayudar a reactivar una economía local que describió como “absolutamente deprimida”.
Comerciantes, pequeños empresarios, emprendedores y representantes del sector turístico intentan actualmente recuperar la actividad económica y atraer nuevamente visitantes.
“Las personas creen que ya la gran emergencia pasó”, alertó. La realidad, asegura, es muy diferente.
El drama de los desaparecidos
Durante la conversación también surgió uno de los asuntos más sensibles tras el terremoto: el número de personas desaparecidas.
Se mencionó una plataforma ciudadana que registraba en ese momento 29.525 reportes. En la conversación se aclaró que sus propios responsables reconocían que esa base debía ser depurada y que algunos registros podían estar duplicados o requerir actualización.
Maryorin contrastó esos datos con cifras mucho menores atribuidas a autoridades regionales y expresó abiertamente sus dudas sobre la información oficial.
La periodista planteó además otra dificultad: existen familias completas desaparecidas que podrían no tener a ningún familiar cercano que las reclame o registre.
La diáspora venezolana, explicó, ha tenido un doble efecto. Por un lado, permitió construir rápidamente una enorme red internacional de solidaridad. Venezolanos en distintos países movilizaron recursos, medicinas, equipos y dinero.
Por otro lado, años de migración también han dejado personas mayores o familiares solos en Venezuela, lo que complica establecer con precisión quién está desaparecido, quién salió de una determinada zona o quién tiene familiares realizando gestiones para localizarlo.
Refugios, hacinamiento e incertidumbre
A pesar de que su número ha disminuido, los refugios continúan siendo otro foco de preocupación.
Méndez señaló que una actualización oficial llegó a ubicar en 87 el número de refugios y explicó que todavía existen campamentos importantes en diferentes puntos de La Guaira.
Las condiciones, según su descripción, pueden ser extremadamente difíciles: calor, hacinamiento, incertidumbre, problemas de salud previos y dependencia de ayuda externa para alimentarse.
La periodista señaló que varias personas habrían fallecido después de llegar a estos espacios con condiciones médicas anteriores que posteriormente se agravaron.
Además, cuestionó la manera como se realizaron algunas adjudicaciones de viviendas, asegurando que hubo casos en los que inicialmente se entregaron apartamentos a empleados públicos que no eran damnificados directos del terremoto. Esa afirmación corresponde al relato de Maryorin durante la entrevista.
Apagones de hasta ocho horas
La conversación se extendió posteriormente hacia otros problemas que están marcando la vida cotidiana de los venezolanos.
Entre ellos, la crisis eléctrica.
Maryorin aseguró que en algunas regiones las interrupciones pueden prolongarse durante seis y hasta ocho horas, con pequeños intervalos de servicio.
La situación, dijo, ha producido incluso una nueva versión del humor venezolano: ya no se dice que “se fue la luz”, sino que “vino la luz”, porque disponer de electricidad durante algunas horas comienza a percibirse como la excepción.
Según su apreciación, la molestia es particularmente intensa en zonas donde la población esperaba que una eventual recuperación de la actividad petrolera produjera una mejoría económica y de los servicios.
Para Maryorin, existe además una diferencia importante entre cómo se perciben los acuerdos vinculados al sector petrolero en Caracas y cómo podrían ser recibidos en regiones tradicionalmente dependientes de esa industria, como la Costa Oriental del Lago.
Una reactivación petrolera, recordó, no beneficia únicamente a quienes trabajan directamente en los pozos: alrededor de esa actividad existen transportistas, cocineros, contratistas, comerciantes y numerosos servicios vinculados.
Dudas sobre la negociación política
Consultada sobre el clima político y las expectativas de la población frente a procesos de negociación y una eventual salida electoral, Maryorin respondió que percibe “demasiadas dudas”.
Según su interpretación, parte de esa incertidumbre se debe a que María Corina Machado, figura en quien un sector de la población depositó sus expectativas políticas, no ocupa actualmente el centro de la negociación mencionada durante la conversación.
Maryorin señaló que algunos venezolanos observan el proceso con cautela y están dispuestos a conceder tiempo a quienes participan en él, pero aseguró que no percibe una confianza generalizada.
Su lectura es que existe una sociedad cansada de promesas y que ahora espera resultados concretos antes de modificar sus expectativas.
Presos políticos: “necesitan tener un espacio en la historia”
Maryorin también ha dedicado parte importante de su trabajo reciente a documentar las historias de presos políticos y de personas excarceladas.
Durante la entrevista relató que venía precisamente de una reunión entre excarcelados y representantes de la Iglesia.
Según explicó, muchas de esas personas perdieron empresas, propiedades, trabajos y años de su vida durante su encarcelamiento.
Maryorin sostuvo que la liberación física no representa por sí sola una reparación completa. Señaló que algunos excarcelados continúan sujetos a medidas cautelares y cargando con acusaciones o etiquetas que dificultan su reincorporación social.
“Necesitan tener un espacio en la historia”, afirmó.
La periodista considera que cualquier proceso político que aspire a reconstruir confianza debe abordar la situación de quienes continúan detenidos y también la reparación de quienes ya fueron liberados.
Una población con pocas razones para el optimismo
Cuando le preguntamos directamente cómo percibe el estado de ánimo en las calles, Maryorin reconoció que ya no encuentra el mismo optimismo que observó durante los primeros meses del año.
La inflación, el avance del dólar, los apagones, la permanencia de presos políticos y el impacto del terremoto conforman, según su análisis, una combinación que ha deteriorado las expectativas.
“Como que siente el venezolano que hay pocas cosas para ser optimista”, resumió.
Ella, sin embargo, dijo conservar una visión más esperanzada.
“No estoy enferma de optimismo”, aclaró, pero considera que existen algunas señales que le permiten pensar que Venezuela avanza, aunque sea lentamente, hacia una situación distinta.
Una de esas señales, explicó, es poder continuar trabajando en la calle y visibilizando los problemas de comunidades y ciudadanos.
Para Maryorin, el terremoto también dejó una reflexión sobre el valor de permitir la entrada de ayuda internacional y el trabajo de la prensa durante una emergencia, aunque cuestionó duramente la organización de la respuesta institucional.
Su petición final fue sencilla: no dejar de mirar.
Seguir hablando de inflación y política, pero también continuar contando lo que ocurre con los damnificados y con los presos políticos.
“La Guaira va a ser un asunto de todos por muchos meses más, probablemente años”, advirtió.
Porque cuando las cámaras se retiran y la conversación pública cambia de tema, para miles de personas la tragedia continúa exactamente donde comenzó.
Aquí puedes ver la entrevista en Spotify:






