Inicio Opinión *La formación moral en el dirigente político* Jesús Alberto Castillo

*La formación moral en el dirigente político* Jesús Alberto Castillo

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En la psiquis colectiva del venezolano hay un fuerte rechazo al dirigente político. La razón es muy sencilla: la gente percibe que el político no le gusta servir a los demás, sino que se aprovecha de la política para vivir de ella.
Aunque eso no es cierto, tal creencia está arraigada en la mente de las personas. No es de extrañar, entonces, que al hablar de política cause rechace en el conglomerado. Es un grave daño que se le ha hecho a una de las actividades fundamentales del ser humano.
La política tiene que ver con todo. Influye en cada uno de los espacios donde nos movemos y debe ser asumida por individuos capaces, íntegros, sensibles, equilibrados y con amplio desempeño ético. Estas cualidades, lamentablemente, no están presente en la mayoría de la dirigencia política.
Generalmente, en la arena pública priva el engaño, la zancadilla, el afán de enriquecerse, la adulancia y otros males que distorsionan la verdadera vocación del político, la cual se sintetiza en servir a la gente. Si eso no está presente, la política no tendría razón de ser.
Quien ejerce legítimamente el poder debe tener capacidad de dar respuesta a los urgentes problemas de la sociedad. No se vale improvisar, ni mucho menos engañar a los ciudadanos.
Debemos tener presente una frase de ese gran filósofo llamado Platón: «Quién no es bueno sirviendo, no será bueno mandando». Es responsabilidad de cada quien tomar conciencia y evaluar el perfil y la conducta del dirigente para recuperar la majestad de la política, una de la más excelsa y necesaria actividad del ser humano.

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