Así como fue oportuna y conveniente su salida del país, lo será su regreso – en el momento en el cual se den las condiciones apropiadas – para contribuir desde su liderazgo a materializar la necesaria transición a la vigencia efectiva de la constitucionalidad en la gobernanza del Estado y a la superación del régimen chavista en su fase rodriguista; de la cual el país mayoritariamente aspira sea su canto de cisne.
Ese anunciado y esperado regreso es su derecho inalienable en tanto que ciudadana – derecho por demás compartido por todos aquellos exiliados por disentir del régimen -.
Es también su deber por su condición de líder y referente indiscutible – rol refrendado por todas las mediciones serias de opinión y por la voz de la calle – del movimiento democrático nacional. Su presencia y acción política serán un revulsivo y un estímulo fundamental para generar la masa crítica necesaria para desenredar los nudos y superar los obstáculos dispuestos por el Rodrigato y sus aliados endógenos y exógenos para evitar sine die que la soberanía popular se expresa y elija nuevos mandatarios en los poderes nacionales del Estado.
Así como también será útil para estimular a que el gobierno de Estados Unidos honre su compromiso de propiciar y servir de garante al proceso de transición a la democracia. En otras palabras, sacar del limbo en el cual se encuentra la llamada tercera etapa del «Plan Rubio» de recuperación de la normalidad venezolana.
Alcanzar los objetivos anteriormente referidos supone, no solamente movilizar a la sociedad para presionar, sino también negociar una serie de acuerdos que despejen obstáculos y garanticen sostenibilidad y cumplimiento de los mismos con los interlocutores del caso. La participación de MCM en esos procesos garantiza credibilidad, representatividad y el compromiso con el interés común de la sociedad y sus aspiraciones de libertad y progreso.
Es criterio ampliamente compartido que la ausencia de legitimidad y legalidad en los poderes nacionales del Estado son una limitante seria para la reconstrucción y el desarrollo pleno de las capacidades económicas del país y la superación de la emergencia humanitaria compleja en la cual nos encontramos.
Entonces, es urgente y necesario despejar -lo más pronto posible- el futuro institucional del país. A tal efecto debe propiciarse un acuerdo que establezca un calendario de renovación de los poderes nacionales del Estado. La presencia y el compromiso de María Corina es clave para el logro de ese objetivo.
Gonzalo González es politólogo. Fue diputado al Congreso Nacional.
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