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El Equilibrio de la Prosperidad: El Modelo Nórdico y la Tesis del MAS Por: Econ. Roger Hernández;

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En la historia de las ideas políticas, pocas veces se logra romper la falsa dicotomía entre el mercado y el Estado. La narrativa tradicional nos obliga a elegir: o la eficiencia competitiva de la derecha o la justicia redistributiva de la izquierda. Sin embargo, en el norte de Europa esta contradicción fue superada hace décadas. Allí, el bienestar no es un eslogan, sino un resultado estadístico medible a través del Índice de Desarrollo Humano (IDH).
Lo que pocos recuerdan es que, en Venezuela, desde 1971, surgió una voz con identidad propia que anticipó esta síntesis. El Movimiento al Socialismo (MAS) no nació como una sucursal del pensamiento soviético, sino como una ruptura civilista y democrática, cuya tesis original guarda una simetría asombrosa con los modelos más exitosos del mundo.
El éxito nórdico comienza con una «bondad» tradicionalmente asociada a la derecha: la libertad económica. Países como Islandia, Noruega y Dinamarca no son economías planificadas; son democracias liberales con mercados internos ferozmente competitivos, bajos niveles de burocracia para emprender y un respeto absoluto a la propiedad privada. Sin generación de riqueza no hay qué distribuir. La derecha aporta aquí la noción de flexiseguridad: un mercado laboral dinámico donde las empresas pueden innovar y crecer, entendiendo que la competitividad es la única garantía de ingresos fiscales sostenibles.
La «bondad de la izquierda» en el modelo nórdico se traduce en un Contrato Social robusto. No se trata de un asistencialismo que genera dependencia, sino de una inversión masiva en el capital humano. Al desvincular el acceso a la educación y salud universales del nivel de ingresos, se garantiza una movilidad social real y una fuerza laboral altamente calificada. El Estado actúa como un seguro colectivo que permite al ciudadano asumir riesgos creativos, sabiendo que existe una red de protección que impide el desamparo.
Para quienes consideran esta visión una utopía, los datos del PNUD publicados en 2025 son implacables. El ranking mundial de desarrollo humano está liderado casi exclusivamente por naciones que han aplicado esta síntesis. Islandia (1), Noruega (2) y Dinamarca (4) encabezan el planeta con niveles de IDH superiores a 0,960. Estos números representan esperanzas de vida que superan los 82 años y una escolaridad técnica que garantiza que nadie se quede atrás. La inversión en el ciudadano es, en última instancia, la inversión económica más rentable.
Vincular estos logros con el MAS de Venezuela es rescatar la visión de Teodoro Petkoff y los demás fundadores de esta organización política. Estos líderes realizaron una de las autocríticas más brillantes del siglo XX al comprender que el socialismo sin democracia no es socialismo, sino opresión. La propuesta del MAS fue siempre una centro-izquierda moderna: una que cree en la empresa privada pero también en un Estado fuerte que proteja; una que entiende que el civilismo y la democracia son los únicos caminos hacia el desarrollo real.
El modelo nórdico nos enseña que el desarrollo es una decisión política, no un milagro geográfico. Enaltecer la productividad de la derecha y la equidad de la izquierda no es una contradicción, es el ejercicio más alto de la madurez política. La tesis del MAS, con su origen profundamente venezolano y su espíritu civilista, sigue siendo la brújula más precisa para reconstruir nuestro pacto social. No se trata de importar modelos ajenos, sino de ejecutar lo que la evidencia científica y la historia nos dictan: un camino de libertad, equidad y justicia para prosperar y vivir con dignidad.

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