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- Autor,Jordan Dunbar
- Título del autor,Servicio Mundial de la BBC
- Informa desde,Chernóbil, Estonia y Alemania
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Era poco después de medianoche. Iryna Stetsenko había terminado de arreglarse las uñas para su boda, abrió la puerta del balcón y luchaba contra los nervios para conciliar el sueño.
En un apartamento cercano, repleto de invitados, su prometido, Serhiy Lobanov, dormía en un colchón en la cocina.
De repente «un estruendo» rompió la tranquilidad, cuenta Iryna.
«Era como si muchos aviones sobrevolaran la zona; todo vibraba y los cristales de las ventanas temblaban», relata.
Serhiy dijo que «sintió un temblor, como si pasara una ola», se preguntó si se trataba de un terremoto leve y volvió a dormirse.
La joven maestra en prácticas de 19 años y el ingeniero de la central eléctrica, de 25, esperaban con ilusión su vida de casados en la recién construida ciudad soviética de Pripyat. No tenían ni idea de que el peor accidente nuclear de la historia se estaba desarrollando a menos de cuatro kilómetros de distancia.
Fuente de la imagen,SHONE/GAMMA/Gamma-Rapho via Getty Images
Pie de foto,Durante unas pruebas, el reactor número 4 de la central de Chernóbil estalló y liberó grandes cantidades de sustancias tóxicas. El reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, en lo que hoy es el norte de Ucrania, explotó, liberando material radiactivo que se esparció por amplias zonas de Europa.
40 años después, los restos altamente radiactivos de la central se encuentran en una zona de guerra.
La pareja vive ahora en Berlín (Alemania), tras haber dejado atrás sus vidas por segunda vez, esta vez para escapar de un conflicto, no de un desastre nuclear.
Pero la mañana del 26 de abril de 1986, Serhiy recuerda haberse despertado sobre las seis de la mañana, lleno de emoción, y haber descubierto que el día de su boda había amanecido con un sol radiante.
El novio tenía que hacer algunos recados: llevar la ropa de cama al apartamento de un amigo donde él e Iryna planeaban pasar la noche, y comprar unas flores.
Fuente de la imagen,Global Images Ukraine via Getty Images
Pie de foto,El Palacio de Cultura de Pripyat, donde la pareja se casó, se encuentra hoy en ruinas.
Pero vio a soldados con máscaras antigás en el exterior y hombres limpiando la calle con una solución espumosa. Algunos compañeros de trabajo de la central nuclear le comentaron que los habían llamado con urgencia porque «algo había ocurrido», pero desconocían qué.
Desde el apartamento de su amigo, en un rascacielos, vio humo que salía del reactor cuatro.
Más tarde se supo que los bomberos y los trabajadores de la central eléctrica habían pasado la noche exponiéndose a dosis letales de radiación para combatir un enorme incendio tóxico.
«Me sentí un poco ansioso», dice.
Aprovechando su entrenamiento, tomó un trozo de tela, lo humedeció y lo colocó en la entrada del apartamento como medida de precaución para contener el polvo radiactivo, añade.
Luego corrió al mercado. Estaba inusualmente para un sábado por la mañana. Escogió cinco tulipanes para el ramo y se marchó.
Iryna, que se alojaba con su madre en el apartamento familiar, cuenta que el teléfono no dejó de sonar durante la noche. Su madre parecía «alarmada», dice, porque los vecinos llamaban para decirle que había ocurrido «algo terrible». Pero ninguno daba muchos detalles.
La información estaba estrictamente controlada en la Unión Soviética. Encendieron la radio, pero no mencionaban ningún incidente.
Por la mañana, su madre llamó a las autoridades: «Le dijeron que no se preocupara, que todos los eventos programados en la ciudad debían seguir adelante».
Oficialmente, todo transcurrió con normalidad. Los niños fueron al colegio.
Fuente de la imagen,Cortesía de Iryna y Serhiy Lobanov
Pie de foto,Iryna y Serhiy cuentan que se sintieron nerviosos e inseguros durante su boda. Siguiendo con los planes
Más tarde, los novios y sus invitados se dirigieron en fila india al Palacio de la Cultura, conocido por albergar tanto ceremonias como discotecas populares.
Intercambiaron sus votos sobre una tela bordada con sus nombres y luego se dirigieron con sus invitados a una cafetería cercana.
Pero el banquete de bodas se sintió «triste», no festivo, reconoce Serhiy.
«Todos entendieron que algo había sucedido, pero nadie sabía los detalles», agrega.
Para su primer baile, habían ensayado un vals tradicional. Pero al darse cuenta de que se avecinaba una tragedia, «desde los primeros pasos perdimos el ritmo», recuerda Iryna.
«Simplemente nos abrazamos y nos movimos en el abrazo», rememora.
Fuente de la imagen,Cortesía de Iryna y Serhiy Lobanov
Pie de foto,La pareja admite que el ambiente en su boda no era de celebración, sino de preocupación. Luego, exhaustos pero finalmente marido y mujer, regresaron al apartamento de un amigo.
Pero en la madrugada del domingo, otro amigo llamó a la puerta y les dijo que corrieran a tomar un tren de evacuación que saldría a las 5 de la mañana, narra Serhiy.
La única ropa de repuesto que Iryna llevaba consigo era un vestido ligero para el segundo día de las celebraciones, así que se volvió a poner su vestido de novia para regresar rápidamente al apartamento de su madre a cambiarse. Además, los zapatos le habían provocado ampollas.
«Llevaba un vestido de novia y corría descalza por los charcos», dice Iryna.
Todavía estaba oscuro cuando vieron el resplandor del reactor colapsado desde el tren.
«Era como mirar al ojo de un volcán», dice Serhiy.
El anuncio oficial, cuando llegó, describía la evacuación como «temporal».
«Nos fuimos por tres días, pero al final nos quedamos para siempre», añade.
Fuente de la imagen,BBC/Jack Garland
Pie de foto,«Vimos cómo se derrumbaba el techo», cuenta Nikolai Solovyov, que estaba de turno en la central cuando explotó el reactor. 400 veces peor que Hiroshima
La Unión Soviética fue duramente criticada por su lentitud al revelar la magnitud del desastre.
Solo dos días después de la explosión -tras detectarse radiación en Suecia- reconoció que había ocurrido un accidente. Más de dos semanas después el entonces líder soviético Mijaíl Gorbachov habló públicamente al respecto.
Una prueba de seguridad había salido terriblemente mal.
Una estimación citada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere que la explosión liberó 400 veces más material radiactivo que la bomba de Hiroshima.
Nikolai Solovyov trabajaba como ingeniero jefe en la sala de turbinas en aquel momento.
«Fue como un terremoto bajo nuestros pies», recuerda.
«Vimos cómo se derrumbaba el techo… una ráfaga de aire nos llegó y levantó todo ese polvo negro… Y sonó la sirena», agrega.
Cuenta que él y sus compañeros corrieron hacia el lugar pensando que había explotado un generador, sin imaginar que pudiera ser el reactor.
Uno de ellos revisó los monitores y dijo que los niveles de radiación estaban «por las nubes», recuerda Nikolai.
Según cuenta, encontraron a otro compañero de pie sobre una de las turbinas, aparentemente ileso pero vomitando, síntoma de la enfermedad por radiación.
«Fue uno de los primeros en morir», afirma.
Fuente de la imagen,BBC/Jack Garland
Pie de foto,La ciudad de Pripyat, construida para albergar a los trabajadores de la central nuclear de Chernóbil, fue una vez una ciudad vibrante. La cifra oficial de fallecidos por el incidente es de 31 personas: dos murieron por la explosión, 28 por la enfermedad aguda por radiación y una por un paro cardíaco en las semanas posteriores.
El impacto general del desastre es objeto de debate y resulta difícil de determinar. En aquel momento no se llevó a cabo ningún estudio médico exhaustivo a largo plazo.
En 2005, un estudio realizado por varias agencias de Naciones Unidas concluyó que 4.000 personas podrían morir como consecuencia del accidente. Otras estimaciones sugieren que la cifra podría ascender a decenas de miles.
Se puso en marcha una operación para detener la emisión de radiación del reactor expuesto.
Helicópteros arrojaron arena y otros materiales sobre el reactor. Las autoridades movilizaron a cientos de miles de personas de toda la Unión Soviética para contener el desastre. Los llamaban liquidadores.
Fuente de la imagen,SERGEI SUPINSKY/AFP via Getty Images
Pie de foto,Numerosos trabajadores, apodados «liquidadores» fueron enviados desde distintas partes de la URSS para apagar el incendio. Los niveles extremos de radiación provocaron averías en la maquinaria, por lo que parte del trabajo tuvo que realizarse manualmente.
Jaan Krinal y Rein Klaar fueron enviados desde Estonia, entonces parte de la Unión Soviética, y formaban parte de un grupo destinado a retirar los escombros del techo del reactor tres.
«Llevábamos placas de plomo: una delante, una en la espalda y otra entre las piernas. Pesaban mucho, 20 kg o más», cuenta Jaan.
«En la cabeza: un casco de construcción soviético estándar; gafas, guantes y un dosímetro (para medir la radiación) en el bolsillo», añade.
Rein recuerda que los enviaban a trabajar en turnos de un minuto para limitar su exposición.
«Nadie sabía distinguir qué era qué… No había tiempo para pensar», afirma.
Fuente de la imagen,BBC/Jack Garland
Pie de foto,Rein Klaar (a la izquierda) y Jaan Krinal fueron enviados a trabajar en turnos breves en el tejado del reactor. La encrucijada
Cuando comenzaron las labores de limpieza, Iryna y Serhiy se alojaban en casa de su abuela, a unos 300 kilómetros de distancia, en la región de Poltava, al este de Kyiv.
Pocos días después de su llegada, los médicos que controlaban la radiación de los evacuados les dieron una noticia inesperada: Iryna estaba embarazada de tres meses.
Recuerda haber llorado al descubrir que los médicos advertían que la exposición a la radiación podría haber afectado a los bebés nonatos y aconsejaban a las mujeres expuestas que abortaran.
«Tenía miedo de tener un bebé y miedo de abortar», confiesa.
Pero una doctora comprensiva la animó a seguir adelante con el embarazo, e Iryna dio a luz a una niña sana, Katya. Décadas después, ella misma se ha convertido en madre y Serhiy e Iryna tienen ahora una nieta de 15 años.
Fuente de la imagen,Cortesía de Iryna y Serhiy Lobanov
Pie de foto,Apenas días después de ser evacuada, Iryna descubrió que estaba embarazada. La pareja cree que el accidente nuclear ha afectado su salud, aunque los médicos no lo han confirmado.
Iryna ha tenido que someterse a una operación de reemplazo de ambas rodillas y cree que la radiación puede haber debilitado sus huesos. También piensan que la radiación podría ser un factor en el infarto que sufrió Serhiy en 2016, una semana después de visitar su ciudad natal, Pripyat.
Jaan, que dirige una organización para antiguos liquidadores estonios, dice que algunos han tenido problemas de salud, pero no han visto «cáncer por todas partes», como temían inicialmente.
Según cuenta, en 1991 murieron 51 liquidadores estonios, 17 de ellos por suicidio.
Nikolai, el ingeniero de turbinas, estaba casado y tenía dos hijos en el momento del accidente. Regresó a trabajar en la central y se jubiló recientemente. Su hijo menor se unió al ejército ucraniano tras la invasión rusa a gran escala en 2022, pero se encuentra desaparecido desde septiembre de 2023.
Fuente de la imagen,BBC/Jack Garland
Pie de foto,El Palacio de Cultura, donde Iryna y Serhiy se casaron hace cuatro décadas, hoy es una ruina. Un peligro latente
La central nuclear requiere monitoreo y mantenimiento constantes.
Después del accidente, se construyó un sarcófago de hormigón sobre el reactor cuatro en tan solo siete meses. Sin embargo, este se volvió inestable y, en 2016, se instaló un nuevo escudo metálico de US$ 1.800 millones para contener las fugas.
Los niveles de radiación en gran parte de la «zona de exclusión» alrededor de la central son ahora lo suficientemente bajos como para permitir visitas seguras durante períodos limitados, pero nadie tiene permiso legal para residir allí.
Todavía existen zonas con niveles de radiación peligrosamente altos, tanto dentro como en las inmediaciones del reactor destruido, y en lugares como el «Bosque Rojo», que resultó gravemente contaminado.
Los edificios de Pripyat, otrora símbolo del optimismo juvenil y la tecnología soviética, ahora se yerguen en ruinas y abandonados, incluido el Palacio de la Cultura donde Serhiy e Iryna se casaron.
Dentro del nuevo escudo, la chimenea del reactor cuatro es una ruina desoladora, recubierta por una tosca capa de hormigón gris, bajo la brillante cúpula metálica lo suficientemente alta como para albergar la Estatua de la Libertad.
Fuente de la imagen,IAEA HANDOUT/EPA-EFE/REX/Shutterstock
Pie de foto,Un dron ruso golpeó en 2025 el costoso escudo que recubre el sarcófago construido sobre el averiado reactor. En 2022, las fuerzas rusas irrumpieron en el complejo de la central eléctrica con tanques, tomando como rehenes al personal durante cinco semanas, colocando minas y cavando trincheras.
El año pasado, un dron abrió una brecha en el nuevo escudo. Ucrania acusó a Rusia de atacar la central eléctrica, acusación que el Kremlin negó. Los niveles de radiación no aumentaron, pero el OIEA afirma que el escudo ha perdido su «función de seguridad primaria».
Serhiy e Iryna se mudaron a Alemania en 2022 después de que el apartamento de su hija en Kyiv fuera alcanzado por un misil. Su matrimonio, que comenzó en medio de la incertidumbre y la tragedia, sigue siendo un consuelo.
«Creo que tuvimos que pasar por algunas dificultades en la vida para comprender que… realmente no podemos ser uno sin el otro», dice.
«Después de 40 años, puedo decir con certeza que somos como un hilo en una aguja», dice Iryna.
«Lo hacemos todo juntos», remata.
Con información adicional de Paul Harris y Ellie Jacobs
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