No descansó tu paso en la vereda,
arden aún tus noches clandestinas.
Sembraste flores donde el miedo era
cerrojo gris sobre las voces dignas.
Mujer de negra piel, constante y recia,
buscaste el sol de las liberaciones.
Tu sueño fue la igualdad como especie,
no como letras en falsas ilusiones.
Alzaste el puño contra el olvido,
por cada madre, por cada vacío.
Enseñaste que el cambio no es ruido:
es tejer justicia con objetivos dignos.
Y ahora vuelas desde el cielo abierto,
predicando alboradas necesarias.
Tu patria buena te tendrá despierto
en cada niña con su lucha diaria.
*Con Argelia*
*¡Si podemos!*
*Vida en ideas y esperanza*
Con cariño, en tu centenario
Isla de Margarita
Adalberto Orta
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