Hoy se conmemora un año más de la muerte del insigne poeta de Cumaná, Andrés Eloy Blanco, nuestro paisano. Su canto poético es símbolo de civilidad y resistencia democrática; sigue vigente en la Venezuela maltrecha por la sombra del autoritarismo.
Hace 71 años accidente automovilístico en las afueras de Ciudad de México, como un tajo del Hades, nos lo arrebató de este plano terrenal, pero su égida poética sigue vibrando con tenacidad y alumbrando con su luz la conciencia colectiva del venezolano.
Andrés le escribió a ese pueblo abnegados que se resiste a la tiranía, a esa inmensa legión de seres esperanzado por una Venezuela de paz, democracia y progreso. Su fina pluma es una égida frente a los desmanes de la barbarie. Su humor aún impregna y alegra los corazones de un tejido social que cree en su propio devenir histórico.
Juan Liscano, excelso escritor nuestro, es quien mejor describe la personalidad del poeta del pueblo venezolano: «Su noble condición humana, su idealismo de otro tiempo, su caballerosidad, su adhesión a la causa de la libertad y de la democracia la cual le costó cárceles, confinamiento y exilios; su humor, su ingenio chispeante, su sensibilidad por lo popular, su elocuencia, sus versos de inspiración tradicional, abiertos al entendimiento de las mayorías, hicieron de él un símbolo de la civilidad vigilante y una expresión genuina de venezolanidad extrovertida» (Prólogo a su Antología Popular , Monte Ávila editores, Caracas, 1996).
Abdres Eloy es grande entre los inmortales poetas. Valdría la pena recordar su maravilloso «Coloquio bajo la palma» donde insta a la superación pueblo, a ver el estudio y la preparación como rutas para avanzar en la vida: «Lo que hay que ser es mejor/ y no decir que se es bueno/ ni que se es malo,/ lo que hay que hacer/ es amar lo libre/ en el ser humano,/ lo que hay que hacer es saber,/ alumbrarse ojos y manos/ y corazón y cabeza/ y, después, ir alumbrando».
También el poeta le escribió al dolor y a la muerte para doblegarlos y hacer posible la ansiada libertad frente a las manos tiranas.






