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Aprender a vivir con el dolor: El impacto de los terremotos en la psique de los venezolanos

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Tras los devastadores terremotos que sacudieron al país, la afectación de la población no se limita a los daños materiales. El impacto psicológico colectivo ha activado diferentes alarmas debido a los altos niveles de estrés, angustia y desesperación. Para comprender cómo se procesa emocionalmente una contingencia de esta magnitud, La Patilla conversó con Nilda Salazar, psicóloga clínica con 20 años de experiencia egresada de la Universidad Central de Venezuela.

Salazar explica que los efectos de la crisis varían significativamente según el nivel de exposición de los ciudadanos. Advierte sobre los errores comunes en las alternativas de asistencia psicológica virtual y detalla cómo la necesidad de control puede, en ocasiones, desbordar los canales de ayuda humanitaria si no se planifica a largo plazo.

En la primera línea de afectación se encuentran los sobrevivientes directos de los terremotos. La especialista señala que estas personas atraviesan inicialmente un proceso de “choque emocional”, un mecanismo de defensa que a menudo se manifiesta de formas desconcertantes para el entorno.

“Vemos víctimas en redes sociales hablando aparentemente de manera natural de lo que están viviendo. Eso evidencia que están en un estado de choque. No han procesado emocionalmente la situación, aunque intelectualmente tengan la capacidad de describir con frialdad eventos desgarradores, como el momento exacto en que un familiar dejó de respirar”, apunta Salazar.

Para este sector primario, la experta enfatiza la necesidad de desplegar profesionales entrenados en Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) directamente en las zonas afectadas (in situ), con el objetivo de contener a una población que se encuentra desorientada y en estado de conmoción.

El “absurdo” de los primeros auxilios online

Ante la proliferación de campañas internacionales y nacionales que ofrecen p
Primeros Auxilios Psicológicos por vías telefónicas o plataformas como Zoom, Salazar se muestra tajante: “Es mentira, eso está mal pensado. A mí me parece absurdo”.

La psicóloga aclara que una persona que acaba de ser rescatada o que se encuentra en un hospital está enfocada exclusivamente en sobrevivir: en ver si va a comer ese día, dónde va a dormir o cómo vestirse. No está en condiciones de realizar una videollamada ni de buscar un servicio digital.

“Los Primeros Auxilios Psicológicos se ofrecen presencialmente a quien acaban de rescatar y está tembloroso, desorientado y asustado. Sirven para estabilizar: ayudar a regular el cuerpo, respirar, orientarse en tiempo y espacio, y verificar necesidades básicas como agua o aislamiento del ruido. Eso es PAP, no es hacer terapia, y no se debe confundir”, subraya.

En su lugar, Salazar precisa que las líneas telefónicas lo que realmente pueden ofrecer en este momento es atención en crisis. Estas llamadas suelen ser utilizadas por personas que están en sus casas angustiadas —por ejemplo, al no localizar a un familiar—, lo cual califica como una necesidad de consulta o contención, pero no de PAP propiamente dichos.

Sanar en comunidad

Haciendo referencia a experiencias históricas del país, como el desastre de Vargas, la especialista advierte que muchas familias damnificadas serán reubicadas en refugios y enfrentarán graves dificultades para estudiar, trabajar y acceder a insumos básicos. Es allí, cuando las personas ya estén instaladas, que tengan privacidad y puedan tomar decisiones organizadas, donde la ayuda psicológica posterior tendrá verdadero sentido.

Debido a que el evento constituye un trauma colectivo, la especialista sostiene que este debe sanarse colectivamente. Por ello, está coordinando una iniciativa con la Escuela de Sociopsicodrama Berneto de Argentina para armar grupos terapéuticos online una vez baje la marea de la emergencia inicial.

“Lo ideal es hacer grupos terapéuticos. En los refugios, por ejemplo, el trabajo con los niños es distinto: consiste en garantizar sus rutinas, que se sientan seguros, que coman, duerman e identifiquen a un adulto cercano”, explica.

Asimismo, Salazar destaca la importancia de aplicar técnicas específicas como el EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), una terapia avalada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el tratamiento del trauma.

“Si no se atiende psicológicamente durante los primeros seis meses de forma urgente, el trauma se registra en el cuerpo y puede durar toda la vida, haciendo que la persona desarrolle un trastorno por estrés postraumático, sufra pesadillas por años o entre en pánico crónico con cualquier temblor”, advierte.

La alteración de la normalidad

La especialista apunta que, independientemente de recibir o no terapia, la sociedad venezolana tendrá que aprender a vivir con el dolor de lo ocurrido, pues la normalidad ya está profundamente alterada a nivel nacional. Las clases suspendidas, el cambio de rutinas para acudir a centros de acopio, el insomnio generalizado y el hecho de que el desastre sea el único tema de conversación en el desayuno o con los amigos son síntomas de un sistema nervioso colectivo hipersensibilizado.

“El cerebro se pone en estado de alerta ante la amenaza latente de otra réplica, impidiendo un descanso profundo”, detalla.

Logística humanitaria

Respecto a la inmensa ola de solidaridad, Salazar extiende una recomendación crítica para los ciudadanos y la diáspora en el exterior: es preferible donar dinero a instituciones verificadas antes que enviar cargamentos de ropa o comida.

La psicóloga argumenta que el envío de mercancías genera un colapso logístico masivo en aduanas y transportes, donde los fletes suelen costar más que los productos mismos. Además, la clasificación y distribución posterior de toneladas de ropa genera un problema organizativo mayor para las autoridades.

“La gente sale desesperada a comprar lo primero que consigue y todos mandan lo mismo. Hay sobreoferta de unas cosas y déficit de otras. Se envía un montón de solución fisiológica, pero si no compras un macrogotero y un yelco, no hay forma de introducir eso en el cuerpo del paciente. El agua siempre es de primera necesidad, pero las instituciones serias saben exactamente qué medicamentos e insumos hacen falta en cada momento”, enfatiza.

La recomendación para canalizar la empatía de forma eficiente es realizar aportes económicos a organizaciones reconocidas y con trayectoria, tales como Cáritas de Venezuela, la Cruz Roja, Unicef u Hogar Bambi (esta última enfocada en los niños que quedan desprotegidos). De esta manera, los recursos pueden administrarse de forma dosificada para atender las necesidades no solo hoy, sino durante los meses y años que durará la reconstrucción.

Un desafío para las gobernaciones

Salazar hace un llamado al Estado venezolano y a los mandatarios regionales, previendo que el impacto demográfico de la tragedia obligará a la reubicación de damnificados en distintas entidades federales.

“Van a llegar refugiados a todas partes. Cada estado tiene que ir organizando desde ya la logística y prever cuáles serán los refugios temporales para recibir a las familias que les tocará atender. En esos estados receptores es donde se debe estructurar, de forma coordinada, un servicio de acompañamiento psicológico que sea, idealmente, presencial y grupal”, concluyó.

LA PATILLA

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