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El saqueo de un sueño: cuando las montañas de Bolívar no llegan al pueblo..José Luis Alcocer

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Hay palabras que parecen escritas con tinta de futuro. Cuando Simón Bolívar, desde el Congreso de Angostura, habló de una América libre «enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y de oro», no imaginó que dos siglos después esa profecía de generosidad se convertiría en el acta de defunción de la dignidad nacional.
Así lo plantea el economista y dirigente obrero siderúrgico José Luis Alcocer, quien en un reciente análisis advierte que el sueño emancipador del Libertador ha sido secuestrado por la voracidad contemporánea. Lo que debió ser el cimiento de una patria próspera y soberana, se ha transformado, según Alcocer, en «el espectáculo bochornoso de un territorio sobrado de recursos convertido en escenario de miseria».
La profecía invertida
Para Alcocer, la visión de Bolívar no era un manual de expoliación, sino «el acta espiritual de una emancipación generosa». La riqueza de los suelos venezolanos —oro, plata y luego petróleo— estaba destinada a financiar la educación, la libertad y el intercambio cultural con el mundo, no a alimentar arcas opacas ni a enriquecer potencias foráneas a costa del hambre local.
Sin embargo, el devenir histórico ha tejido una paradoja desgarradora. «Hoy, las riquezas que Bolívar consagró al intercambio soberano y al bienestar colectivo están siendo esquilmadas en rigurosa dirección contraria», sentencia el economista. Los recursos del subsuelo, en lugar de fluir como «savia nutricia» hacia el desarrollo, son drenados, dice, «por arterias de opacidad, corrupción y voracidad transnacional».
Un eco de reproche en Angostura
El artículo de Alcocer no es un simple repaso histórico. Es un acto de contrición cívica. Al releer el Mensaje de Angostura, el dirigente obrero encuentra una interpelación urgente al presente: «Las montañas de oro y plata no pedían cadenas de vasallaje moderno, sino el respeto sagrado que merece un pueblo dueño de su destino».
En su reflexión, el economista deja una advertencia que trasciende los números macroeconómicos: la soberanía de un país no se mide por la magnitud de sus reservas, sino «por la capacidad inquebrantable de sus hijos para defenderlas y ponerlas al servicio de la justicia y la libertad».
El juicio de la historia
Mientras el oro y la plata continúen su viaje en dirección opuesta al bienestar de los venezolanos, la voz de Bolívar en Angostura, afirma Alcocer, «no dejará de resonar como un eco de reproche».
El llamado del economista es claro: la riqueza natural no es un fin en sí mismo, sino un instrumento para la redención social. Y en esa batalla, la patria aún está a tiempo de demostrar que el sueño no ha muerto, solo ha sido malinterpretado. Fin del saqueo, principio de la dignidad.
Nota: Este artículo se basa en el análisis del economista y dirigente sindical José Luis Alcocer, quien mantiene una postura crítica sobre la administración de los recursos naturales en Venezuela y su impacto en la clase trabajadora.
José Luis Alcocer

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