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Aulas vacías en La Guaira: terremotos dejaron decenas de alumnos fallecidos y a miles sin escuela

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Escombros del colegio Cruz Felipe Iriarte, en La Guaira, el 10 de agosto. GABY ORAA

En medio de la devastación de La Guaira, Yaraís Ballesteros abrió las puertas de su casa para convertirla en una escuelita informal. Quería un espacio donde niños y niñas se reunieran para hablar, crear, aprender y disfrutar; fue por ello que lo llamó Rincón de Luz. Allí, 23 niños y adolescentes de entre cuatro y 15 años reciben clases después de que el terremoto dejara inutilizadas sus escuelas, destruyera sus viviendas y, en algunos casos, separara a sus familias.

Por Gabriela Mesones Rojo | EL PAÍS

“Le puse este nombre porque, entre tanto dolor, este es un espacio necesario para reír, conectar e integrar las emociones que hemos sentido”, dice Ballesteros, especialista en educación especial y paciente de lupus, quien atiende la escuelita junto a su hermana, que perdió su casa por la zona. “Muchos de ellos han perdido sus colegios y no tienen adónde ir cuando empiecen las clases”.

Para Ballesteros, no hay una única manera de acompañar a las infancias después de una tragedia de esta magnitud. Las edades son distintas, pero también lo son las pérdidas y las necesidades de cada uno. “Tengo un chico de nueve años que no sabe leer ni escribir; tengo otro de siete que perdió a su hermano. Todo eso se tiene que atender de forma particular”, explica antes de empezar una sesión de juego con los estudiantes.

La iniciativa responde a una emergencia educativa que atraviesa todo el estado de La Guaira, especialmente en Catia La Mar, epicentro del segundo terremoto. Los sismos en Venezuela dejaron 432 escuelas afectadas en el área metropolitana de Caracas, según UNICEF. De las 316 escuelas que se encuentran en La Guaira, 116 quedaron afectadas de acuerdo con el Ministerio de Educación: 14 colapsaron completamente, 38 sufrieron daños medios y otras 86 presentan afectaciones menores.

La dimensión de la crisis, sin embargo, no puede medirse únicamente en edificios. Las comunidades que daban vida a esas escuelas también fueron golpeadas: hay estudiantes, docentes y representantes entre los fallecidos y damnificados, familias que perdieron sus viviendas y personas que todavía atraviesan pérdidas materiales y personales. En La Guaira, reconstruir la educación significa mucho más que levantar paredes: significa recuperar las condiciones que permiten a las infancias volver a sentarse en un aula.

En el Complejo Educativo Juan José Mendoza en Caraballeda, uno de los pocos colegios públicos en una de las zonas más afectadas, la lista de alumnos se ha convertido en una lista de ausencias. De 1.000 alumnos inscritos, 217 fallecieron junto a 11 personas de la plantilla laboral. “Muchos de nuestros estudiantes vivían en las OPPPE donde ocurrió la gran mayoría de pérdidas humanas y daños materiales”, explica su directora, Diana Ferrer. “Esto es una pérdida irreparable y tiene mucho significado para mí. Eran parte de una familia con la cual yo hacía vida a diario”, afirma.

Madeleine Cova, coordinadora de segundo año en el colegio público, estima que al menos el doble continúa desaparecido. “Por ahora, creo que perdimos 400 estudiantes. Nuestra población estudiantil cubre la zona de Tanaguarena, donde se vieron pérdidas enormes en la comunidad”.

Los que sobrevivieron tampoco han salido ilesos. Cova habla de estudiantes que han sufrido amputaciones, de otros que perdieron a personas queridas y de familias enteras desplazadas hacia otros estados. La propia docente se encuentra ahora en Caracas, cuidando a su sobrina de 25 años, encontrada viva, pero herida, bajo los escombros de un edificio que colapsó.

“Hemos tenido que lidiar con un mar de cosas estas últimas semanas”, dice. “En las escuelas, el terremoto no terminó cuando cesó el movimiento de la tierra. El duelo, las pérdidas y el desplazamiento siguen acompañando a estudiantes y docentes, que intentan volver a sus vidas mientras todavía buscan a quienes faltan”, comenta.

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