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Cosas de la dialéctica..YURI VALECILLO

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Los resultados de la primera vuelta electoral Brasil, donde el opositor derechista Flávio Bolsonaro aventajó para sorpresa de muchos a Lula da Silva  con un 47,03% frente a un 45,16%, reconfiguran el tablero político de América Latina. Sin embargo, más allá de las fronteras de Brasilia, el impacto de este balotaje se siente con fuerza en Caracas. Para el  PSUV y sus flatulentos portavoces, el retroceso electoral de Lula no representa una simple derrota de la izquierda; refleja la culminación de una tensa fractura ideológica que ha expuesto las marcadas contradicciones de la diplomacia chavista.
Durante los últimos años, voceros clave del oficialismo venezolano no han escatimado en calificativos hostiles hacia las figuras de la llamada izquierda moderna, humanista, democrática e institucional de la región. Mandatarios como Gabriel Boric, Gustavo Petro y el actual presidente de Brasil  han sido blanco de ataques frontales. Las tensiones pudieron alcanzar su punto más álgido cuando el Fiscal del entonces Tarek Willian Saab y otros miembros del partido de  gobierno venezolano acusaron abiertamente a estos presidentes de estar «Captados por la CIA» o actuar como sus agentes encubiertos, debido a sus constantes exigencias de transparencia institucional en los comicios venezolanos, claro se impuso la falta de credibilidad de los portavoces  de tales afrentas, ya que la personalidad del antiguo fiscal denota a la simple vista su necesidad posicionamiento  mediático en el menor de los casos, deseaba lograr la atención que no ha podido lograr con un intento de ser poeta, pero su prosa y sus textos frágiles, tibios y amorfos dejan por sentado que como fiscal era mal poeta y como poeta fue pobre fiscal,no un fiscal pobre.
No obstante, esta intransigencia discursiva colisiona de frente con el pragmatismo pragmático que el Palacio de Miraflores ha manejado en las sombras. La aparente paradoja de catalogar de «agentes del imperio» a los aliados históricos de la región, mientras de manera paralela se sostienen encuentros bilaterales, canales abiertos de comunicación con altos mandos del Comando Sur y con la jefatura de la CIA, revela el verdadero núcleo de la estrategia gubernamental venezolana: la supervivencia institucional sobre la coherencia ideológica e incluso la humillación pública ante el gobernante de los Estados Unidos.
La retórica antiimperialista funciona de cara a la cohesión de sus bases y de los adeptos más necesitados en lo económico, fanatizados o simples vividores de las tetas gubernamentales, pero la diplomacia real se ejerce mediante el entendimiento y la sumisión transaccional con las verdaderas esferas del poder económico, político, militar y policial de los Estados Unidos.
Con el balotaje brasileño fijado para el 25 de octubre, el panorama continental entra en una nueva fase. Si bien un eventual retorno del bolsonarismo a la presidencia de Brasil privará a Caracas de un mediador regional de peso, las celebraciones internas en los pasillos del PSUV evidencian que el resentimiento hacia la izquierda crítica supera a veces el cálculo geopolítico elemental. Los hechos han demostrado que el PSUV es un partido elástico y sin carácter alguno, solo está construido para vivir del Estado. Quizás podría ser un partido marxista y ya no  identificado con alguna tendencia asiática, tampoco, escribirán algún texto como lo hacía el padre de la actual presidenta designada en apoyo a los jemeres rojos. De repente son marxistas tendencia Groucho y tendrán como máxima , aquella del gran humorista neoyorquino «Estos son mis principios si no le gustan tengo otros» .
COSAS DE LA DIALÉCTICA. 

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