«Todo tiene su final» no es solo una de las canciones más emblemáticas de Héctor Lavoe y Willie Colón; es una reflexión sobre el paso del tiempo, los cambios y la importancia de valorar cada momento que vivimos. Su mensaje ha trascendido generaciones por recordarnos que nada es eterno, pero que siempre podemos seguir adelante.
Llevar esa frase a un mural urbano es convertirla en un recordatorio permanente para quienes pasan frente a él: que los momentos difíciles también terminan, que las alegrías deben disfrutarse mientras duran y que cada final puede ser el comienzo de una nueva historia.
Salsabongo






