Los demócratas ganaron el Senado (53 escaños) y la Cámara (258). Eso significa más supervisión del Congreso sobre Trump, pero la presión hacia Venezuela no se apaga: se vuelve más lenta y predecible.
La lección es clara: nuestra autonomía no se decide en Washington, se decide aquí.
27 años de autocracia nos dejaron servicios en el suelo, inflación y un costo de vida que ahoga. Por eso hoy más que nunca: unidad, diálogo y reinstitucionalización.
Sumar, no dividir. Venezuela merece cambiar






