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El movimiento 4 de enero a la opinión pública ..De: YURI VALECILLO

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El movimiento 4 de enero a la opinión pública
En la época dorada de la retórica antiimperialista, las demostraciones de soberanía eran un espectáculo digno de un circo de categoría. Cómo olvidar a Vladimir Padrino marchando imponente, flanqueado por un escuadrón de generales tan leales a la causa como a la buena mesa, todos tomados de los brazos. Una barrera humana de puro colesterol militar y medallas de hojalata que juraba defender la patria contra cualquier bota invasora. Hoy, la coreografía cambió por completo: de la demostración de fuerza pasamos a una evidente y temblorosa debilidad frente a los Estados Unidos. Los músculos que antes se tensaban frente a las cámaras hoy parecen gelatinas caribeñas pidiendo clemencia.
La vuelta de tuerca económica es de antología. Atrás quedaron los días donde el aparato estatal perseguía, encarcelaba y tachaba de «traidor» a cualquiera que osara sugerir que Washington debía ser nuestro principal socio comercial. Tenían razón en algo: ya no son socios comerciales. Ahora, en un despliegue de generosidad sin precedentes, el petróleo ya no se vende, se les regala. Un negocio redondo para la revolución: entregamos el crudo y nos pagan con indulgencia.
Los titanes del micrófono y las mentes brillantes del proceso también han tenido que ajustar drásticamente sus guiones para no quedar en ridículo —o al menos, no tanto—. Nicolás Maduro, el otrora «Presidente Obrero» que prometía pulverizar el dólar criminal con el mazo de la justicia soberana, parece haber descubierto las bondades del capitalismo norteamericano. De jurar que jamás se doblegaría ante el imperio, pasó sin escalas a apoyar desde su divertida prisión desde donde escribe, usa relojes y zapatos con trenzas, se «toma fotos sonriente» ahora aprueba  acuerdos con USA con una sonrisa de oreja a oreja, demostrando que su línea roja ideológica era en realidad de un sutil y negociable tono rosado.
A su lado, Delcy, la campeona de la diplomacia de micrófono y reina de las carpetas con «pruebas irrefutables» en la ONU, ha guardado el traje de combate en el clóset. Su sutil metamorfosis la llevó de denunciar el «bloqueo criminal» a coordinar cordialmente los canapés con delegados de Washington. La hiperinflación de su verbo antiimperialista sufrió una devaluación del cien por ciento.
Por su parte, Tarek, el poeta de la justicia, solía redactar impecables y larguísimos textos legales para encarcelar a cualquiera que mirara de reojo un consulado estadounidense. Hoy, con una elasticidad jurídica envidiable, sus conferencias de prensa se enfocan en explicar por qué cooperar con el «enemigo histórico» es, en realidad, el acto más puro de soberanía que ha visto el continente. Un verdadero poema al transformismo.
En el plano interno, Diosdado, quien solía pretender tocar las estrellas con su «verbito» flamígero y destructor en televisión nacional, ahora pasa sus días en una labor mucho más terrenal y estresante: haciendo control de daños de emergencia dentro del PSUV, intentando tapar las goteras de un barco que hace aguas por todas partes mientras finge que todo es parte del plan.
La reconversión laboral también alcanzó al «Comandante» Fernando Soto Rojas. El eterno enemigo jurado del Estado de Israel y de todo lo que oliera a sionismo experimentó un giro impresionante. Las malas lenguas dicen que el indomable guerrillero terminó con su su silencio cómplice ante la presencia de tropas del país  asiático en Venezuela; cosas de la alta geopolítica y de la necesidad de estirar la quincena.
 Mientras tanto, Jorge Rodríguez, el hombre que le lanzaba las mentadas de madre más creativas a Donald Trump, parece haber borrado el casete. El hombre del discurso fino ahora dicen que madruga para pedirle la bendición al magnate, a quien aparentemente adoptó en secreto como su nuevo ángel de la guardia y financista espiritual.
La comedia no estaría completa sin la acera de enfrente. En la «oposición a la medida», Manuel Rosales nos demuestra que el arte de la pirueta no es exclusivo del uniforme. El filósofo del Zulia descubrió que es mejor «coexistir» que competir. Ahora se mueve en las sombras con la agilidad de un contorsionista, balanceándose perfectamente entre criticar al gobierno en redes y estrechar la mano en privado para asegurar su pedacito de presupuesto. Al final del día, como él mismo diría en su infinita sabiduría: «si el gobierno salta, la oposición da un brinco».
Mientras tanto, en medio de este terremoto de contradicciones y volteretas ideológicas, la vida sigue. Me cuentan que mi pana  el Damazo Peres es el único coherente en toda esta historia: fiel a su estilo, me dicen que todavía sigue corriendo. Y cómo no va a correr. Viendo cómo está el panorama, lo más inteligente es no detenerse para no terminar aplaudiendo el próximo acuerdo.
Los amigos de la ex Liga Socialista en Carabobo terminaron siendo un coctel de camarones con fecha de caducidad, hace poco lanzaron una reunión en una de esas aldeas educativas con algún nombre heroico.  Al parecer estaban decidiendo resistir con una ofensiva política y militar para enfrentar al imperio o incorporarse al movimiento de jubilados que encabeza la oposición democrática.

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