La caída de la Europa del Este a finales del siglo XX y los rasgos autocráticos de los regímenes que enarbolaron el marxismo ortodoxo arrastraron consigo, de manera injusta, a todos los movimientos de izquierda. Ese colapso del socialismo marxista, de carácter centralizado y autoritario, le permitió a muchos expertos, entre ellosfñ Francis Fukujama, decretar el fin de la historia y el triunfo definitivo del capitalismo salvaje. No obstante, reducir y asociar la búsqueda del bien común y la justicia a las experiencias totalitarias del siglo pasado constituye un error histórico y conceptual.
Frente a la crisis del marxismo ortodoxo, emerge el socialismo democrático como un modelo institucional y político más perfeccionado para evidenciar que la justicia social y las libertades individuales no son valores excluyentes sino complementarios. Para ello es fundamental articular varios aspectos clave del socialismo democrático que redimensionan su aplicabilidad en diversos lugares del planeta, particularmente en los países nórdicos como Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia.
El socialismo democrático se inició históricamente con Eduardo Bernstein y sus ideas revisionistas del marxismo. Este pensador alemán alertó de las imprecisiones de Carlos Mark, también alemán, sobre el fin del capitalismo. Contrariamente, el modelo capitalista no estaba depauperando a la clase obrera a niveles dramáticos, sino que la revolución industrial y las luchas sindicales estaban expandiendo las clases medias. De manera que el socialismo tenía que ser un camino de reformas graduales y democráticas, despojándolo de una ruptura violenta o una dictadura del proletariado como lo creía Marx.
Posteriormente, Norberto Bobbio, politólogo italiano, nutrió al socialismo democrático de una amplia dimensión ética e institucional. Consideró que la esencia de la izquierda está en su compromiso de eliminar las desigualdades sociales injustificadas y no premiar la flojera ni la dependencia. Además, señaló que socialismo sin democracia deriva en tiranía. Bobbio aclaró que los derechos civiles, el pluralismo político y la separación de poderes no son herramientas de la burguesía, sino conquistas universales de la humanidad.
Ahora en el siglo XXI, el economista francés Tomás Piketty contextualiza el debate de cara a la era de la globalización financiera y la crisis climática. Propone un «socialismo participativo» contra la concentración hereditaria del capital a través de sistemas fiscales progresivos y la circulación permanente de la riqueza, mutando la vieja fábrica industrial hacia los flujos financieros contemporáneos.
Al juzgar el fracaso del socialismo marxista por concentrar la propiedad y las decisiones de la sociedad en el Estado – representación del partido gobernante – el socialismo democrático defiende la democracia económica. Su objetivo no es destruir el mercado sino democratizarlo, mediante la participación de los trabajadores en los fondos de inversión. La idea es el proceso de congestión empresarial donde los fondos colectivos de los trabajadores se fusionan con las utilidades empresariales en forma de acciones, facilitando la gestión de organizaciones complejas y competitivas. Este modelo concibe al empleado como un ciudadano con voz, voto y patrimonio en su lugar de trabajo.
En fin, el socialismo democrático -nutrido de las ideas de Bernstein, Bobbio y Piketty- encuentra su aplicación más nítida en el modelo nórdico. Aunque opera en economías abiertas y de mercado, este modelo vigente en Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia descansa sobre el concepto de desmercantilización de los derechos sociales. El acceso a una educación de calidad, a una salud de vanguardia, a la vivienda y vejez no depende del poder adquisitivo de la persona, sino a un fondo de fiscalización progresiva. Esos derechos sociales son bienes universales que están protegidos y financiados para evitar desigualdades sociales.
Este modelo nórdico demuestra empíricamente que los altos niveles de protección social e igualdad no disminuyen la competitividad económica, generando sociedades con altos índices de calidad de vida, libertad y estabilidad política. En el contexto venezolano, el MAS representa el socialismo democrático. Es un partido fundado por Teodoro Petkoff, un intelectual de izquierda que se atrevió a romper con el marxismo ortodoxo y el régimen autocrático de la extinta Unión Soviética para plasmar un nuevo modo de ser socialista, más humano, contemporáneo y adaptado a las nuevas exigencias de la sociedad planetaria.






