Con sentido metafórico retomamos «el teatro mágico» de la fascinante obra «El Lobo Estepario» de Herman Hesse para desentrañar las múltiples dimensiones que están presentes en el dinámico mundo la política, muchas de las cuales pasan desapercibidas por el grueso número de almas esperanzadas. Pues, de manera descarnada, la praxis política es un escenario de actores que se mueven con sus diversos mundos interiores y lo reflejan mediante discursos y acciones frente a un grueso número de almas que cumplen el papel de expectadores.
La obra de Hesse trata sobre la vida de Harry Haller, un intelectual de mediana edad que experimenta una profunda crisis existencial y se cree así mismo como un «lobo Estepario», es decir, un ser solitario, incomprendido y ahogado en dos mundos en permanente lucha: su naturaleza humana, culta y refinada y su parte salvaje, asocial e instintiva. Desprecia la sociedad burguesa, la gran culpable de sus males, y está propenso al suicidio. Su vida cambia drásticamente cuando conoce a Herminia, una enigmática mujer que le enseña los placeres terrenales que tanto rechazó como el baile, el jazz y el amor.
Eso le permite a Harry formarse un espacio surrealista en su mente que representa el teatro mágico. Allí aprende a visualizar que su alma no está atrapada en dos partes, sino en miles de facetas y que el último recurso de salvarse es integrar todas esas identidades y aprenderse a reírse de sí mismo. Ese teatro le permite proyectar ante los demás su mundo interno. Todas esas facetas coexistencia y él las pone en práctica según la función que se le presente en la vida cotidiana. Comprende que hay momentos difíciles que obligan a desplegarse hacia senderos desconocidos de la psique para descubrir talentos o traumas que estaban ocultos.
Descubre que la vida se vuelve trágica cuando se toma demasiado en serio un solo rol. Por tanto, el teatro mágico es lo que permite disipar el sufrimiento.






