Mucho se habla de soberanía, y muy poco de tenerla y conservarla. La verdadera soberanía de una nación reside en su capacidad para autoabastecerse de los insumos fundamentales que sostienen su infraestructura, construcción y cadena manufacturera.
Al respecto, el economista José Luis Alcocer explica que el proyecto industrial de Guayana fue concebido en la segunda mitad del siglo XX a través de empresas emblemáticas como la Siderúrgica del Orinoco (SIDOR), Venalum, Alcasa, Bauxilum y Ferrominera Orinoco, constituía el pilar de la diversificación económica no petrolera de Venezuela. La meta estratégica era transformar el mineral de hierro y la bauxita extraídos del subsuelo nacional en insumos de alto valor agregado (acero, aluminio primario, palanquillas, láminas y perfiles) utilizando la energía hidroeléctrica del Río Caroní concentradas en las Hidroeléctricas Simón Bolívar en Guri, Caruachi y Macagua.
El también dirigente laboral de las empresas básicas recuerda: “Cuando SIDOR o Venalum dejaron de suministrar materia prima, cientos de pequeñas y medianas empresas (PYMES) de transformación, fabricantes de envases, autopartes, cables eléctricos, tubos, estructuras metálicas y materiales de construcción, cerraron sus puertas o pasaron a depender del material importado. Venezuela pasó de ser un exportador neto de acero y aluminio de calidad internacional a un importador de productos siderúrgicos y de aluminio transformado, drenando divisas que el país no posee y sometiendo su desarrollo de infraestructura al arbitrio del mercado internacional”.
El complejo industrial de Guayana albergaba décadas de investigación aplicada, ingeniería de procesos y adaptaciones tecnológicas desarrolladas por ingenieros, técnicos y obreros venezolanos. El abandono prolongado de las celdas de reducción electrolítica en el sector aluminio o la inactividad de los hornos de arco eléctrico en la siderúrgica significaron la destrucción del activo tecnológico acumulado.
El conocimiento especializado no reside solo en las máquinas, sino en la fuerza laboral. La fuga masiva de ingenieros, técnicos industriales y especialistas en mantenimiento hacia otros países privó al Estado de la masa crítica necesaria para planificar y ejecutar una reestructuración de manera autónoma.
“Por esa razón” alude, “La parálisis casi total de este tejido industrial no representa únicamente una pérdida de ingresos fiscales o puestos de trabajo; constituye la pulverización de la soberanía industrial, tecnológica y territorial del país”.
Y finaliza diciendo “ La única forma de recuperar la soberanía es que haya un cambio de gobierno en Venezuela para que se le dé un impulso a la preparación del recurso humano y se reconstruya el aparato productivo con inversión y adecuaciones tecnológicas






