Con el título ¿Venezuela ahora es una colonia o un Estado soberano?, un
artículo publicado hace unos días por The New York Times plantea una
interpretación según la cual el mundo ha cambiado hasta el punto de que la
soberanía ya no sería un principio jurídico universal y la idea de una
independencia nacional plena habría quedado como una reliquia del pasado.
Al mismo tiempo, presenta la soberanía como un conjunto de derechos
susceptibles de fragmentarse o cederse parcialmente, hasta hacer aceptable la
subordinación.
UNIVERSAL
En principio, la tesis luce como una descripción objetiva del orden internacional.
Sin embargo, se basa en una confusión al identificar los límites que tiene hoy el
ejercicio de la soberanía con la desaparición de la soberanía misma.
Es cierto que ningún Estado ejerce hoy su soberanía de manera absoluta. Los
tratados internacionales o los acuerdos económicos imponen límites a la acción
de todos los países. Pero de esa realidad no se desprende que la soberanía
haya dejado de ser un principio jurídico universal.
Una cosa es aceptar restricciones recíprocas entre Estados; otra muy distinta
es presentar la subordinación a una potencia extranjera como algo “normal” y la
cesión de soberanía como "realismo".
IGUALDAD SOBERANA
La soberanía ocupa un lugar central en el orden internacional porque fue una
respuesta a siglos de dominación imperial. Durante generaciones, las grandes
potencias asumieron que su fuerza militar y económica les otorgaba el derecho
de intervenir y decidir el destino de otros pueblos. Después de las guerras
mundiales del siglo XX, la comunidad internacional intentó construir un orden
distinto, basado en la igualdad soberana de los Estados.
REGLA CIVILIZATORIA
Esa transformación quedó recogida en la Carta de las Naciones Unidas: la
soberanía no depende del tamaño de un país, de sus recursos o de su poder
militar. No existen Estados “parcialmente” soberanos ni pueblos con menos
derecho a decidir su destino por ser más débiles. La regla establecida después
de las guerras mundiales es clara: ningún Estado puede situarse por encima de
otro ni imponerle su voluntad.
MECANISMOS
Otro mecanismo para justificar la dominación consiste en reducir la pérdida de
soberanía únicamente a sus formas más visibles, como una anexión territorial
abierta. Sin embargo, la historia demuestra que la subordinación también
puede establecerse mediante estructuras de tutela. Si un país no decide sobre su defensa, sobre política exterior o quién administra la renta de sus recursos
naturales, no puede considerarse soberano.
“LIBRE ASOCIACIÓN”
En el caso venezolano, existe el riesgo adicional de convertir una relación de
tutela de hecho en algo formal mediante acuerdos que trasladen a Washington
decisiones sobre seguridad, defensa, política exterior y administración de los
ingresos petroleros. Ese esquema podría combinar distintos mecanismos de
subordinación, desde fórmulas de “libre asociación” como las de algunos
Estados del Pacífico hasta modelos de presencia militar permanente o de
control estratégico, sin reproducir necesariamente ninguno de esos modelos de
manera exacta.
LA ACEPTACIÓN
La verdadera cuestión que se plantea en Venezuela no es si la idea de
soberanía es cosa del pasado, sino si los principales actores nacionales
continuarán aceptando que Estados Unidos se atribuya un derecho superior a
decidir sobre el destino del país.
El caso venezolano muestra cómo, bajo el lenguaje del realismo, se intenta
presentar una relación de tutela como conveniente e inevitable. Pero aceptar
como normal que la superioridad militar o económica de una potencia le otorga
autoridad sobre Venezuela significa no solo abandonar un principio
fundamental del derecho internacional, sino renunciar a la propia existencia de
Venezuela como nación soberana.






