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La mutación del poder ,, Leopoldo Puchi

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Una intervención extranjera no afecta solo la soberanía de un país. También puede alterar su estructura social, modificar posiciones económicas y reordenar las élites políticas y las organizaciones en las que actúan.

El problema es que, por lo general, tratamos a las élites políticas y a los partidos como actores con posiciones que permanecen en el tiempo. Pero en realidad, sus posiciones dependen de los vínculos que establecen con distintos intereses económicos y sectores sociales. Esos vínculos cambian con el tiempo, al igual que la posición de las propias élites, incluso cuando las ideas con las que nació un partido siguen formando parte de su discurso.

LA SOBERANÍA

Cuando se estudian las élites políticas suele dejarse de lado su relación con el sistema internacional. Los partidos en América Latina están insertos en un orden regional marcado por la posición dominante de Estados Unidos. Esa relación externa también influye en las posiciones que adopta la dirigencia política.

Las élites políticas están vinculadas tanto con las fuerzas sociales internas como con fuerzas externas. De esas relaciones surgen posiciones diferentes sobre qué intereses deben tener prioridad y qué posición se asume ante la soberanía y la independencia de la nación.

INTERESES

Desde este enfoque social y geopolítico, un partido político no tiene una esencia inmutable ni mantiene necesariamente las mismas ideas a lo largo del tiempo. Aunque sus siglas, símbolos y estructuras pueden permanecer, su contenido político puede cambiar según las fuerzas sociales, los intereses económicos y las relaciones externas con las que se articula en cada momento histórico. Se trata, entonces, de mutaciones que van más allá de simples tácticas pragmáticas.

EL CAMIÓN

Stuart Hall utilizaba la metáfora de un camión con remolque para explicar esta relación. El partido es la cabina, con sus siglas, su estructura y su historia. El remolque representa los intereses sociales con los que se articula, como los trabajadores, los sectores empresariales, las clases medias o los sectores financieros.

Esa articulación no es permanente ni lineal. En una coyuntura, una élite puede vincular su estructura partidaria con las demandas de los trabajadores. En otra, puede desprenderse de esa relación y establecer una nueva con empresarios, sectores financieros u otros intereses económicos. La cabina puede seguir siendo la misma, mientras cambian la carga y la dirección del viaje. Lo que importa saber, entonces, es con qué intereses se articula un partido en cada momento.

LA HISTORIA

El PRI de México muestra cómo puede cambiar el contenido político de un partido. Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas el partido se vinculó con los trabajadores y campesinos y con un proyecto de desarrollo nacional y de justicia social. Décadas después, bajo Carlos Salinas, adoptó políticas de privatización y estrechó sus vínculos con intereses de Estados Unidos. El partido permaneció, pero cambió el proyecto político y económico con el que se articulaba.

Puerto Rico es otro ejemplo de cómo puede cambiar el contenido político de una organización. Luis Muñoz Marín y el Partido Popular Democrático pasaron de una tradición independentista a impulsar desde el gobierno la modalidad colonial del Estado Libre Asociado. El partido conservó sus siglas, pero cambió su posición frente a la soberanía nacional.

El peronismo muestra cómo una identidad política puede cambiar de contenido. En 1945 se articuló con los trabajadores y los sindicatos. Durante el gobierno de Carlos Menem representó al capital financiero y se alineó con Estados Unidos. Desde 2003, con Néstor Kirchner, volvió a articularse con un proyecto nacional-popular. El nombre permaneció, pero cambiaron las fuerzas sociales con las que se vinculaba y el proyecto político.

PERSPECTIVA

Esta perspectiva permite comprender por qué un partido puede conservar sus símbolos e incluso mantener parte de su discurso mientras cambian en los hechos los intereses que representa. Las élites se reacomodan cuando cambian las condiciones sobre las que se sostiene su poder.

CONEXIONES

Al intentar comprender el comportamiento de las élites, hay que mirar las relaciones internas y externas que sostienen su posición. La historia muestra que sectores importantes de las élites de un país pueden articularse con el capital interno, con intereses externos o con ambos. En esos momentos, los intereses de las capas populares y la defensa de la soberanía nacional pueden perder peso en las decisiones políticas. Para comprender lo que ocurre, las preguntas son: con quién se articulan esas élites, con qué intereses se conectan y qué capacidad conservan para decidir por sí mismas.

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