El verso de las Obras Completas del autor español ha sobrevivido a duras penas, como si quisiera dejar constancia que La Guaira fue un sueño para sus habitantes y para los caraqueños, por algo era su playa favorita. Allí fue donde Hugo Chávez prometió el nuevo Cancún, donde cada vez que quienes bajaban y veían el mar brillante desde la autopista pensaban que ya estaba cerca su pequeño paraíso. Hasta que la furia de la naturaleza lo pulverizó.
“Somos nueve de familia, vinimos el primer día desde Caracas. Carla (47 años) y sus niñas Bianca (10) y Verónica (14) están ahí debajo, uno de los rescatistas internacionales vio uno de sus cuerpos. Estamos con lo que ves, picos y palas y sabemos que ellas no están vivas. Hemos visto sus fotos, sus zapatos y lo sabemos. Pero tenemos algo claro: vamos a conseguir sus cuerpos”, explica a LA NACIÓN Abraham Rojas entre los restos del Club Caribe.
Son fotos y libros, como el de Lorca, que forman parte de la marea de escombros que trajo el terremoto. El chico, sus hermanos y toda la familia tiene una misión y la van a cumplir. Han luchado con fortaleza, pero también sienten la desesperación, dos de los muchos sentimientos que estos días inundan a los venezolanos, un pueblo que durante mucho tiempo se sintió bendecido por los dioses, con la riqueza que brotaba de sus suelos, ya fuera petróleo, oro o cualquier otro mineral.
“Son milagros, pero pasan”, atestiguó este jueves Daniel Acevedo, colombiano de Boyacá, quien participó en el rescate del niño Moisés, que tanto ha conmovido a su país. El chiquillo sólo tenía un rasguño, pero a su lado permanecían los cuerpos de su madre y sus hermanitas.
LA PATILLA