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Reconstrucción o emancipación Leopoldo Puchi

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En la historia, una gran potencia puede vencer a otra y después ayudarla a reconstruir su economía. Pero cuando una gran potencia derrota a un país “en desarrollo”, la lógica puede ser distinta. En este caso, el objetivo ya no es reconstruir el país para darle capacidades, sino reorganizarlo en función de los intereses del vencedor. La diferencia parece sutil, pero es profunda: el vencedor termina controlando los recursos, decidiendo el rumbo económico y teniendo la última palabra sobre el futuro del país.

CONFUSIÓN

La confusión surge de una aparente semejanza. En ambos casos hay un vencedor y un vencido. Pero ahí termina la similitud. Una guerra entre grandes potencias enfrenta a Estados con capacidades relativamente comparables. Cuando una gran potencia derrota a un país con menor capacidad de poder, la relación es diferente porque existe una asimetría estructural de recursos y capacidades estatales. De

esa diferencia dependerá, en buena medida, la relación que se establezca después de la derrota.

ESENCIAL

Una potencia puede ser derrotada militarmente sin perder por completo las capacidades que le permiten reconstruir su poder. Alemania y Japón fueron ocupados y quedaron sometidos a profundas transformaciones políticas, pero conservaron una base industrial, estatal y tecnológica que permitió su rápida reconstrucción.

Un país periférico se encuentra en una posición distinta. La derrota puede debilitar algo esencial, su capacidad política para decidir sobre su propio destino. Y esa pérdida es aún más profunda si no hubo resistencia al ataque extranjero: el vencedor queda entonces con un margen mucho mayor para definir las condiciones de la etapa que sigue a la derrota militar.

LA CONQUISTA

La diferencia aparece con claridad en buena parte de la experiencia colonial. La conquista no tuvo como propósito desarrollar economías nacionales diversificadas, sino organizar territorios para la extracción de riquezas minerales, productos agrícolas y materias primas. Esa es una diferencia fundamental: no toda infraestructura es desarrollo, ni toda inversión significa reconstrucción.

MÁS CLARA

La diferencia se vuelve más clara cuando observamos el destino de la renta. Una economía puede utilizar sus recursos para ampliar su capacidad productiva, diversificarla y aumentar su autonomía. Otra cosa es reorganizarla alrededor de la extracción de recursos naturales. La cuestión no es cuánto capital entra después de una guerra, sino qué estructura económica produce ese capital y quién controla el excedente que genera.

PETRÓLEO

Venezuela representa hoy un caso emblemático. Estados Unidos ha planteado un programa de hasta 100.000 millones de dólares para el sector energético. El volumen de inversiones puede impresionar, pero no estamos ante un programa equivalente al Plan Marshall, concebido para reactivar economías nacionales, sino ante una estrategia centrada en el control y explotación de los recursos naturales venezolanos.

CAPACIDAD POLÍTICA

Aquí aparece el problema que se oculta detrás de la palabra reconstrucción. Venezuela no necesita solamente inversiones. Necesita recuperar la capacidad política para decidir qué produce, quién lo produce, cuánto se exporta, quién recibe la renta y cómo se utilizan los ingresos obtenidos. Un país difícilmente puede construir una economía propia si son otros quienes toman esas decisiones.

INDEPENDENCIA

Por eso, el problema venezolano es también un problema de emancipación. No en el sentido romántico de una consigna del pasado, sino en el sentido concreto de recuperar su independencia y las riendas de sus recursos. Un país puede recibir enormes inversiones, aumentar sus exportaciones y modernizar sus instalaciones y, sin embargo, quedar atrapado en una relación de subordinación.

GEOPOLÍTICA

La tutela que Estados Unidos busca establecer sobre Venezuela no ocurre en un vacío: se inscribe en una visión hemisférica en la que Washington vuelve a reivindicar la Doctrina Monroe. La cuestión venezolana no es solamente quién administra sus recursos o firma contratos, sino también quién controla sus costas, su espacio aéreo y su territorio.

EMANCIPACIÓN

Por eso, la diferencia entre una potencia derrotada y un país periférico derrotado no es una cuestión académica. Alemania y Japón necesitaban reconstruir sus economías y sus Estados. Venezuela necesita hacer lo mismo, pero enfrenta además una cuestión previa: recuperar la capacidad política de decidir qué hacer con su propia riqueza.

La guerra contra Venezuela no terminó cuando cesaron los bombardeos sobre Caracas en enero. Para un país como Venezuela, la paz comienza cuando recupera su capacidad de decidir sobre su patrimonio y su destino. Sin esa emancipación, la reconstrucción puede convertirse en otra forma de subordinación: más exportaciones, más infraestructura, pero con las riendas de su economía, su defensa y su política exterior en manos ajenas.

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