Mientras algunos urbanismos comenzaron a ser reparados y otros esperan instrucciones, vecinos todavía no sienten que sus edificios son realmente seguros. Especialistas advierten que antes de reconstruir es indispensable entender por qué unas estructuras colapsaron y otras resistieron
María de los Ángeles Graterol
Raquel mira el bloque donde vive y luego vuelve la vista hacia las paredes agrietadas del apartamento. El edificio, del complejo Omar Torrijo y construido bajo el programa gubernamental Gran Misión Vivienda Venezuela, no colapsó durante el doble terremoto del 24 de junio, pero desde entonces dejó de sentirse seguro.
«Ayer dijeron que empezaban las construcciones. Vinieron, vieron y se fueron. Hasta este momento no han traído ni un bloque«, cuenta. Esa información la recibió el día en que Delcy Rodríguez visitó las edificaciones estatales levantadas al pie de la avenida Bolívar, en Caracas.
Como ella, decenas de vecinos permanecen en una especie de limbo. Sus edificios siguen de pie, pero todavía esperan saber qué ocurrirá con ellos. Ya los inspeccionaron y recibieron el etiquetado verde o amarillo de habitabilidad, pero entre los residentes circula una información: que el gobierno entregará materiales y que parte de las reparaciones recaerá sobre los propios habitantes, organizados en cuadrillas de cinco personas por piso.
«Nos dijeron que nos inscribiéramos (como parte de los grupos vecinales) pero no sabemos si es para trabajar, para supervisar o para cuidar el material. No estamos claros de si es ‘agarren un pico y empiecen a trabajar’. Estamos esperando«, comenta otro vecino que prefiere mantenerse bajo anonimato por temor a represalias contra él o su familia. Todos siguen durmiendo en carpas a orilla de calle.
- Mientras en algunas torres con etiqueta amarilla ya comenzaron trabajos de reparación, en otras ni ha llegado el material.
Hay quienes, como Fernando Reyes, están dispuestos a colaborar. «Mi apartamento lo hago yo. Con unas bolsas de arena y cemento arreglo las paredes», dice, mientras detalla que su inmueble sólo registra grietas. «Es puro friso, pues».
Otros, en cambio, creen que esa responsabilidad no debería recaer sobre quienes viven allí.
«¿Qué seguridad le dan a uno de que los mismos habitantes van a hacer un trabajo bien? Eso tiene que ser revisado por especialistas», cuestiona otro vecino, integrante de la Organización Popular de Vivienda 16 (OPP) Ojos de Chávez, diagonal a las seis Torres del conjunto Omar Torrijo.
«Uno vive con nerviosismo de que con un mínimo temblor se vuelva a venir eso abajo. Muchos estamos en tres y dos porque, sea del modelo que sea, hay muchas grietas. Y eso quedó fracturado, escaleras, paredes. Nos da temor. Además que ya está sentido. ¿Y si se termina de ir para abajo y el daño es peor?», sigue explicando el mismo vecino. Vive en una carpa improvisada y pasa el día entre esas paredes de tela y las de su carro.
Y no, la incertidumbre no es igual en todos los urbanismos.
En Caracas, edificaciones como esa permanecieron en pie, aunque varios apartamentos perdieron paredes completas y dejaron expuestas tuberías de aguas servidas e instalaciones internas. Otros desarrollos, como el urbanismo Colegio de Ingenieros, construido con estructura metálica y mampostería tradicional, registraron daños considerablemente menores, limitados principalmente a grietas.
- Edificación de la Misión Vivienda en Colegio de Ingenieros.
- Edificación de la Misión Vivienda en Quebrada Honda. Sólo sufrió daños de mampostería.
El panorama fue muy distinto en La Guaira.
En Playa Grande, varios edificios del Complejo Hugo Chávez, identificables por sus fachadas azules y bloques de tres y cuatro niveles, colapsaron por completo. Hasta ahora las autoridades no han publicado un balance oficial de fallecidos específicamente en ese urbanismo, aunque rescatistas y vecinos sostienen que allí ocurrió uno de los mayores niveles de destrucción. Estiman que alrededor de 200 por edificio.
En una rueda de prensa, en la primera en la que aceptó preguntas de la prensa, Delcy Rodríguez, al ser consultada sobre la calidad de esas viviendas, señaló que «el 80% de los edificios que colapsaron son desarrollos privados. Yo no voy a culpar en este momento ni a los desarrollos sociales ni a los privados, porque la verdad es que hubo un doble terremoto».
Días después, durante un recorrido por La Guaira, Nicolás Maduro Guerra también visitó algunos de los desarrollos afectados por el sismo y aseguró que el Gobierno reconstruiría las viviendas dañadas.
- Urbanismo Hugo Chávez en Playa Grande.
- OPP en Playa Grande, La Guaira.
La Gran Misión Vivienda Venezuela ha sido durante más de una década uno de los programas emblemáticos del chavismo. Hasta 2025, el gobierno de Nicolás Maduro aseguraba haber entregado más de cinco millones de viviendas en todo el país. Precisamente por ese peso político, los daños registrados en algunos de sus urbanismos se convirtieron rápidamente en uno de los temas más sensibles después del terremoto.
Antes de reparar, entender qué pasó
Para el arquitecto Franco Micucci, una de las principales preocupaciones no debería ser únicamente reparar las viviendas, sino comprender por qué unas estructuras colapsaron mientras otras resistieron.
«Así como se están haciendo evaluaciones en los edificios que permanecieron en pie, también debe realizarse un proceso de ingeniería forense en los que colapsaron», explica.
La comparación que utiliza es muy sencilla. «Es como hacer una autopsia. Hay que documentar exactamente cómo quedó el edificio, fotografiarlo de frente, de lado, desde arriba, entender el cuerpo estructural para determinar qué fue lo que ocurrió».
Según advierte, ese proceso prácticamente no se ha realizado.»Parte del problema es que ya se están removiendo escombros y eso altera la escena del colapso».
Esa información, explica, permitiría determinar si hubo errores de diseño, fallas constructivas, deterioro por el paso del tiempo o problemas relacionados con el terreno. Hasta ahora, «no se pueden sacar conclusiones generales».
Micucci también llama la atención sobre la antigüedad de algunas edificaciones.
«Que un edificio construido hace setenta años presente daños importantes puede ser comprensible porque fue diseñado bajo normas sísmicas muy distintas. Pero uno de diez o quince años no debería comportarse así. Eso obliga a investigar».
Pero, de nuevo, el comportamiento de los edificios tampoco depende exclusivamente de la calidad de la construcción. La naturaleza del suelo es determinante.
«Aunque parezca increíble, entre una parcela y la siguiente puede haber diferencias suficientes para que un edificio colapse y el otro no». También influye la orientación con la que se registra el movimiento sísmico, que en este caso fueron dos; uno de movimientos verticales, con hundimientos o levantamientos, y otro horizontal, de acuerdo con el Interferometría de Radar de Apertura Sintética (InSar) de la NASA.
Reconstruir sin apresurarse
Mientras avanzan las inspecciones, algunos urbanismos ya comenzaron a ser intervenidos.
En las OPP Ojos de Chávez, por ejemplo, las autoridades iniciaron los trabajos de reparación tras las primeras evaluaciones técnicas. Según información brindada a TalCual por personal de Obras Públicas en el área, alrededor de 80 trabajadores participan en las obras, día y noche, y estiman culminarlas en aproximadamente dos meses.
En la OPP Ojos de Chávez, alrededor de 80 obreros de la construcción fueron asignados para la reperación de esa edificación.
Sin embargo, en otros conjuntos los vecinos aseguran que todavía esperan materiales, instrucciones y, sobre todo, respuestas.
Micucci, experto en urbanismo, considera que la participación de las comunidades puede ser útil, pero únicamente bajo supervisión especializada.
«Puede hacerse, pero tiene que existir un proceso de inducción, inspección y seguimiento. No es recomendable que las estructuras sean intervenidas inmediatamente después de un sismo.»
Explica que primero debe observarse cómo responde cada edificio frente a las réplicas y luego realizar nuevas evaluaciones.
«No todas las grietas significan lo mismo. Algunas son superficiales, pero otras, especialmente las diagonales, pueden indicar daños estructurales importantes que obligan incluso a demoler completamente el elemento afectado».
El arquitecto también cuestiona la forma en que se está manejando la remoción de escombros, pues además de eliminar evidencia útil para determinar las causas del colapso, sostiene que buena parte del material podría recuperarse.
«El concreto, el acero y otros elementos pueden reciclarse. También representa una oportunidad para reducir costos y disminuir el impacto ambiental de la reconstrucción».
Pero mientras ingenieros discuten sobre normas sísmicas, estudios de suelo y procesos de ingeniería forense, los vecinos siguen mirando las mismas grietas cada vez que suben las escaleras.
A algunos ya comenzaron a repararles las paredes. Otros todavía esperan que lleguen los materiales prometidos.
Pero casi todos coinciden en algo: después de ver edificios enteros reducidos a escombros en La Guaira, ninguna inspección preliminar alcanza, por ahora, para devolverles la tranquilidad. La verdadera reconstrucción no pasa solo por levantar bloques o frisar paredes, sino por recuperar la confianza de quienes, desde el 24 de junio, volvieron a entender que incluso un edificio que permanece en pie puede dejar de sentirse como un hogar.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.
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