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¿Traición o estrategia? El cambio de Delcy Rodríguez tras la captura de Maduro

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En apenas tres meses, la narrativa de Delcy Rodríguez ha experimentado un giro radical. Lo que inició en enero como una retórica de «luto combativo» y rechazo total al «imperio» ha mutado hacia una agenda de «diálogo constructivo» y apertura energética

La madrugada del 3 de enero de 2026 no fue solo el inicio de un nuevo año, sino el comienzo del punto de quiebre para el chavismo. Tras conocerse la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, por fuerzas militares estadounidenses, Delcy Rodríguez asumió el mando con un discurso que no admitía matices. En su primera alocución de urgencia, el nombre de Maduro fue el eje central: lo calificó como el «único presidente» y denunció una «gravísima agresión militar». En ese momento, la identidad de su discurso era que bajo ninguna circunstancia Venezuela volvería a ser un «país esclavo».

De esta manera, en sus primeras intervenciones, el nombre de Maduro ocupaba gran parte de su narrativa oficial. Rodríguez no hablaba de gestión, hablaba de rescate. El 5 de enero, al juramentarse como encargada del Ejecutivo nacional en el Palacio Federal Legislativo, el tono de su mensaje fue de luto combativo: «Vengo con dolor por el secuestro de dos héroes que tienen como rehenes en los Estados Unidos», sentenció. En aquel momento la promesa era clara: Venezuela prefería cualquier destino antes que ser un «país esclavo ni colonia de ningún imperio», porque en su discurso «la lealtad era el único capital político».

Durante la primera semana de enero, la agenda de Rodríguez parecía tener un solo objetivo: la presión internacional. El 7 de enero, en el Teatro Teresa Carreño, la funcionaria reunió al Gran Polo Patriótico para definir lo que llamó una «unidad monolítica». Allí, la primera de las tareas fundamentales fue exacta: el rescate y la liberación de Nicolás Maduro. Figuras como Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello catalogaron a los capturados como «héroes de la revolución».

Incluso en el plano diplomático, el discurso seguía anclado en la confrontación. El 8 de enero, al recibir al embajador de China, Lan Hu, Rodríguez buscó el respaldo de las potencias orientales para condenar lo que aún definía como «una grave violación del derecho internacional y de la soberanía venezolana». Por otra parte, el ministro de Relaciones Exteriores, Yván Gil, expresó a través de un mensaje publicado en Telegram ese mismo día su «más profundo agradecimiento» a la nación asiática por rechazar la «politización e instrumentalización de los derechos humanos como pretexto para interferir en los asuntos internos de otros países».

De la confrontación al «diálogo constructivo»

No obstante, Rodríguez, a través de sus redes sociales, seguía pidiendo a los venezolanos «alzar la voz» por la libertad de la pareja presidencial. Sin embargo, el 12 de enero empezó a verse un cambio en su narrativa puesto que sostuvo una reunión con delegaciones de la Unión Europea y el Reino Unido e introdujo, por primera vez, el concepto de un «diálogo constructivo». Rodríguez informó: «Transmitimos la firme voluntad de Venezuela de avanzar hacia una agenda de relacionamiento internacional basada en el respeto mutuo, la igualdad soberana de los Estados y el diálogo constructivo», enfatizó a través de plataformas digitales.

*Lea también: Delcy Rodríguez promete aumento de salario sin monto fijo y reconoce hiperinflación

Dos días después, el 14 de enero se marcó el fin de la narrativa inicial. Rodríguez sostuvo una conversación telefónica con Donald Trump y a partir de ahí el lenguaje cambió drásticamente: lo que antes era una «agresión inédita» pasó a ser una «conversación productiva y cortés». En la llamada abordaron una agenda de trabajo bilateral «en beneficio de nuestros pueblos, así como de asuntos pendientes en la relación entre nuestros gobiernos», afirmó la funcionaria.

En el mensaje anual al país que -según dijo- fue preparado con antelación junto a Nicolás Maduro, Rodríguez afirmó que la intervención estadounidense representaba una «agresión armada inédita» y calificó al exgobernante preso en EEUU como un «hombre de dificultades».

Ese 15 de enero, desde la tribuna de oradores del parlamento, calificó la situación de Venezuela como un escenario de «bloqueo económico criminal sin precedentes» y destacó que antes de la captura de Maduro, ya el país enfrentaba un cerco naval desde diciembre de 2025, diseñado para asfixiar la capacidad exportadora energética e impedir el comercio libre.

Al respecto, señaló que los bloqueos han buscado «generar sufrimiento en el pueblo como un daño colateral de la guerra económica», afectando directamente el ingreso de los trabajadores y los servicios públicos.

Desde enero, Rodríguez le abrió la puerta de Miraflores, con alfombra roja incluida, a altos representantes del gobierno de Estados Unidos en aras de estrechar «la cooperación» entre ambas naciones y dejó en el olvido las consignas antiimperialistas y el uso de términos despectivos para referirse a los nuevos socios.

El acercamiento bilateral con Washington

El cambio, más allá del discurso, se llevó a la acción. A través de sus redes sociales, Rodríguez publicó un video el 30 de enero en el cual se registró la firma de la Reforma de la Ley de Hidrocarburos. El instrumento aprobado por unanimidad en la Asamblea Nacional había sido solicitado por Estados Unidos. La funcionaria argumentó que se hizo para «fortalecer nuestra soberanía energética» y crear condiciones para atraer inversiones.

Rodríguez afirmó que en la reforma aprobada residía «la visión de futuro» de Nicolás Maduro, mientras que exfuncionarios del chavismo aseguraron que la decisión sepultó el legado de Hugo Chávez al abrir las compuertas a la privatización y la apertura al capital privado y extranjero.

«En horas complejas, difíciles y de dolor, lo estamos convirtiendo en esperanza para nuestro país, vamos ahora por las mejores prácticas para ser una potencia energética», sostuvo Rodríguez.

Poco después, el 1 de febrero, zarpó desde Venezuela el buque Chrysopigi Lady con el primer cargamento de gas licuado de petróleo (GLP). «Marcamos un hito histórico al exportar la primera molécula de gas del país», expresó Rodríguez.

Nuevos elementos se sumaron en el giro de Rodríguez y el recibimiento con honores del secretario de Energía de EEUU, Chris Wright, fue solo una muestra.

De hablar de «secuestro» se pasó a conversaciones sobre una «agenda energética». En dicho encuentro acordaron el establecimiento de una asociación productiva a largo plazo que permita consolidar una agenda energética capaz de convertirse en el «motor de la relación bilateral». El petróleo, gas, minería y energía eléctrica dominaron la agenda.

¿Cambio de estética o traición?

La estética oficial también empezó a acompañar este cambio: el rojo revolucionario comenzó a ser sustituido por un azul institucional, además de una frase particular: «Delcy avanza, tú tienes mi confianza». Acto seguido, el 26 de febrero, a través de un video que circuló en redes sociales, Rodríguez no solo omitió pedir la libertad de Maduro, sino que calificó a Trump como «amigo y socio». La frase de enero «jamás seremos esclavos», al parecer, fue sepultada por una nueva realidad: «Nuestro país nunca ha sido enemigo de los Estados Unidos», expresó Rodríguez.

Consejo Nacional de Economía Delcy Rodríguez

Los agradecimientos y menciones no paran. El pasado 4 de marzo, mientras Nicolás Maduro y Cilia Flores cumplían dos meses y un día presos en Nueva York, en Caracas, la funcionaria agradecía la «amable disposición» del presidente Donald Trump y de su gobierno para «trabajar conjuntamente en una agenda que fortalezca la cooperación binacional». En su cuenta en Instagram informó sobre un encuentro con el secretario del Departamento de los EEUU y presidente del Consejo de Dominio Energético, Doug Burgum, para «fortalecer el intercambio bilateral en materia energética y minera».

El 6 de marzo, Rodríguez informó que «cumplieron una productiva jornada de trabajo junto al secretario» y acompañaron la firma de acuerdos entre Venezuela y la empresa Shell. Rodríguez catalogó este evento como «un paso importante para impulsar el desarrollo energético» y añadió: «Me llena de satisfacción ver a las empresas venezolanas proyectarse internacionalmente».

Al día siguiente en su cuenta en X, Rodríguez envió un mensaje al mandatario norteamericano: «Presidente Donald Trump: recibimos esta decisión como un reconocimiento al pueblo de Venezuela (…) reiteramos nuestra disposición a construir relaciones de largo plazo», dijo al referirse al reconocimiento legal que el gobernante anunció a su gestión como encargada del Ejecutivo venezolano.

¿Desmontando el eslogan revolucionario o al equipo?

Las redes sociales dieron de qué hablar, puesto que Rodríguez publicó un video en el cual se le observa reunida en el Palacio de Miraflores con la delegación diplomática encabezada por Félix Plasencia. Dicha comisión partía hacia los Estados Unidos «para asumir la representación de Venezuela en el inicio de una nueva etapa de relacionamiento.

Aunque esto no es todo, lo que se creía imposible empezó a suceder: el cambio de gabinete en el Ejecutivo. Según un artículo del World Socialist Web Site, la reconfiguración es categorizada como un desmantelamiento de la estructura de poder de Nicolás Maduro que sugiere una transición hacia un modelo de «post-madurismo». El núcleo de este cambio reside en una purga de figuras como Vladimir Padrino López, sustituido por Gustavo González López para asegurar la lealtad militar, y el desplazamiento de Alex Saab, lo cual permite que Rodríguez logre «definir su propio perfil político».

De esta manera, el mandato de Rodríguez, que ha incluido cambios en sectores estratégicos, no parece ser una ruptura ideológica total, sino una evolución hacia una tecnocracia militarizada que busca atraer capital extranjero de empresas como Chevron y Shell. Según un informe de Infobae, a tan solo diez días de que Gustavo González López asumiera el cargo como ministro de Defensa, se han impulsado cambios drásticos. Estas transformaciones incluyen la eliminación de consignas políticas en piezas institucionales. Bajo esta nueva directriz, se han suprimido eslóganes como «Leales siempre, traidores nunca» y el omnipresente «Chávez vive, la patria sigue». Esto se interpreta como un desplazamiento del énfasis comunicacional, dando un giro a la narrativa de confrontación.

Por otro lado, seguidores de Nicolás Maduro y Cilia Flores no han dudado en alzar la voz ante lo que catalogan como una «traición». Algunos testimonios recogen: «Lo único que no me gusta de la presidenta Delcy Rodríguez es que está coqueteando mucho con los gringos». Otros esperan que, ya que Rodríguez afirmó que Estados Unidos es «amigo y socio», logre abogar por la libertad de Maduro.

Rodríguez promete un «incremento salarial y planificado»

El 8 de abril, Rodríguez dirigió un nuevo mensaje a la nación en el que informó lo siguiente: «Reconocemos los desafíos del pasado y los errores cometidos, asumirlos es el primer paso para no repetirlos». En su alocución, Rodríguez enfatizó que el objetivo central de su administración es recuperar el tiempo perdido y elevar el nivel de vida de la población venezolana, enfocándose en avanzar  hacia una «Venezuela libre de bloqueos y sanciones». 

De esta manera, enfatizó que la prioridad inmediata es la recuperación del ingreso de los trabajadores: «Derrotamos la hiperinflación y ahora buscamos incrementos salariales que sean sostenibles en el tiempo y que no generen nueva inflación», al mismo tiempo anunció para el próximo 1° de mayo un «incremento salarial responsable y planificado».

Rodríguez explicó que, para garantizar el futuro, se requiere un Estado transparente y eficiente. Para ello, anunció la creación de una comisión para el diálogo laboral con una mesa técnica con participación del Estado, el sector privado, trabajadores y pensionados. Asimismo, informó sobre la creación de una ley para determinar  los sectores de naturaleza estratégica bajo una gestión compartida entre el Estado y el sector privado, con excepción de la Ley de Hidrocarburos.

El pasado 19 de abril, la funcionaria, que continúa su proceso de acomodo en Miraflores, inició una «peregrinación» -con color y olor a campaña electoral- a nivel nacional  para exigir el fin de las sanciones.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

 

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