Memoria y Legado: La Epopeya de Acción Democrática por la Venezuela Moderna
Conmemorar un nuevo aniversario de Acción Democrática obliga inevitablemente a levantar la mirada hacia el origen de esa gran obra política y a rendir tributo a quienes, desde el pensamiento, la acción y el sacrificio, trazaron los cimientos de la Venezuela moderna. Hoy, cuando sus fundadores reposan en el oriente eterno, su impronta sigue viva en cada obra de infraestructura, en cada aula de clase y en cada conquista republicana que transformó radicalmente la nación.
Recordar esta fecha es evocar el liderazgo titánico de Rómulo Betancourt, estratega indiscutible y arquitecto de la democracia civil venezolana. Bajo su visión de Estado y la de hombres de la talla de Rómulo Gallegos —quien llevó la dignidad de la literatura y la probidad absoluta a la primera magistratura—, el país dejó atrás el aislamiento rural y la tiranía para inaugurar una era de soberanía popular, reforma agraria y educación masiva. A ellos se sumaron figuras fundamentales como Andrés Eloy Blanco, cuya oratoria encendida y poesía cívica dotaron al movimiento de un alma profundamente humanista, y Luis Beltrán Prieto Figueroa, el maestro de América que concibió la educación como el eje emancipador de las masas y la clave para la construcción de ciudadanos libres.
La obra de estos hombres no se limitó a la retórica partidista; se tradujo en hechos tangibles que cambiaron el destino de los venezolanos. En sus años de gobierno y gestión pública, se erradicaron endemias letales, se levantaron grandes hospitales, se multiplicaron las escuelas técnicas y universidades gratuitas y se sembró la riqueza del subsuelo para blindar el desarrollo nacional. Fundaron un partido que, en palabras de sus propios líderes históricos, nació como una herramienta de redención social para sacar al pueblo de la ignorancia y la miseria.
Los Presidentes que Consolidaron la Senda del Progreso
Al honrar la historia de Acción Democrática y el legado de sus fundadores, es de estricta justicia reconocer también a los mandatarios que asumieron la responsabilidad de gobernar a Venezuela bajo sus siglas, consolidando la democracia, expandiendo la infraestructura y proyectando al país en el escenario internacional. Cada uno de ellos, desde su estilo y su momento histórico, dejó una huella indeleble en la nación.
Tras los cimientos sembrados por Rómulo Betancourt, la presidencia de Raúl Leoni (1964-1969) inauguró el período conocido como la «Ancha Base», destacándose por un gobierno de profundo talante institucional, sobriedad republicana y una vasta obra de infraestructura material y económica. Fue bajo su mandato donde se consolidó el desarrollo de la Guayana industrial, dando impulso definitivo a la Siderúrgica del Orinoco (Sidor), la electrificación del Caroní con Guri y la creación de Ciudad Guayana, transformando al sur del país en el motor económico de la Venezuela moderna. Leoni gobernó con pulso firme y democrático, respetando las libertades públicas y ampliando la red vial, escolar y hospitalaria del país.
Años más tarde, la presidencia de Carlos Andrés Pérez (1974-1979) imprimió un dinamismo sin precedentes en la historia venezolana. Con su lema «La Gran Venezuela», CAP lideró una etapa de audacia económica apalancada por la nacionalización del hierro y del petróleo, asegurando para el Estado el control soberano de sus recursos naturales básicos. Su administración se caracterizó por una gigantesca expansión de la infraestructura nacional, la diversificación industrial, el impulso a la educación superior mediante la creación de nuevas universidades y una proyección geopolítica internacional que convirtió a Venezuela en un referente indiscutible de la democracia y la solidaridad en América Latina y el Caribe.
Posteriormente, en un contexto económico internacional y nacional sumamente adverso, asumió la preside






