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Un mundo loco, por Fernando Rodríguez

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Tal es el caso del actual, que no sería errado llamar el Mundo de Trump, ese dueño loco y cruel de tantísimo poder como para agredir el planeta entero a cada rato.

Que el mundo fue y será una porquería… es asunto que concluyó un tango feroz. No es ciencia, por cierto, pero no está tan mal. A veces es lo que nos provoca decir a muchos.

Tal es el caso del actual, que no sería errado llamar el Mundo de Trump, ese dueño loco y cruel de tantísimo poder como para agredir el planeta entero a cada rato.

Pero no es este personaje sin igual que queremos subrayar de entrada, lo haremos al final, solo señalarlo porque es el campeón de un conjunto de similares –sin su músculo, a veces incluso casi sin ninguno– de orates gobernando, aquí, allá y acullá, en el desarrollo y en el tercer mundo, por todos lados.

Se me dirá que es espantoso, y sí es espantoso. Pero lo más espantoso es que decenas y centenas de millones de ciudadanos suelen votar entusiasmados por ellos a fin de que les marquen un destino.

Loco se dice de muchas maneras. Tiene muchos sentidos, desde el cariñoso «¡loco, hermano!», hasta el siniestro diagnóstico psiquiátrico, básicamente de esquizofrenia.

Estos sujetos si no llegan al extremo, carajo, rozan en la maldad y la violencia de que son capaces a los que no poseen sentido de realidad.

Por ejemplo este joven Bolsonaro, digno hijo de su padre –malandro condenado a 27 años de cárcel– que perdió las elecciones con Lula: cantó fraude, se arrepintió, volvió a cantarlo, prometió liderar la oposición brasileña y someterse a la justicia para ser juzgado por corrupto y en definitiva salió corriendo, unas horas después, a casa de papá Trump, donde ya tiene un hermano juzgado y condenado en Brasil, amorosamente protegido.

Trump, de paso, participó activamente en las elecciones de sus fraternos.

Diga usted si este es un suceso civilizado o un acontecimiento en el reino de los peligrosos conatos de orates, dado lo disparatado de sus acciones. La medicina sabrá del ADN de la familia Bolsonaro.

¿Usted ha visto a Milei? Porque basta verlo y ni siquiera con la motosierra. Dando gritos, maldiciendo, diciendo cualquier disparate. O insulto, por cierto, incluso en casa ajena, en España donde acaba de estar. Nadie, ni sus compinches del PP o Vox fueron a recibirlo, ¡qué va, en plena campaña electoral!

Lo saludaron de lejos, lo dejaron solo gritando improperios y groserías contra Sánchez, que le dedicó un par de frases despectivas.

Hasta el senil y sensato Felipe González se asombró de que alguien atravesara medio mundo solo para gritar desaguisados y volverse a casa.

Y tenemos que hablar de Trump. Costará el diablo y su ayuda recoger sus desvaríos, su ignorancia, su cursilería, su narcisismo, sus mentiras, su crueldad.

Labor para años y años de trabajo especializado. Los cronistas solo podemos hacer la reseña de las más recientes y es bastante.

Ustedes saben, seguro, quién es Fernando Savater, filósofo español contemporáneo, gran divulgador, autor de Ética para Amador.

Bueno, a ese hombre muy informado del mundo actual le preguntaron una vez, vainas de periodista, cuál era el mejor país del mundo. Savater refunfuñó y al fin dijo «si me obligan yo diría Noruega».

Bueno, el poco educado Donald acaba de decir que Noruega es «un país de mierda», porque no le dieron el Nobel que tanto merecía por haber parado unas guerras imaginarias y lo que ha hecho realmente es fomentar la violencia por aquí y por allá, en Venezuela por ejemplo.

En fin, midan ustedes la distancia entre el pensador y el déspota engreído y abusador. El mundo fue y será…

Fernando Rodríguez es filósofo. Exdirector de la Escuela de Filosofía de la UCV.

Correo: fernandor60@hotmail.com

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