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Delcy, la renacida, por Gregorio Salazar

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X: @goyosalazar Cuando Delcy regresó a la habitación del hotel, ya los videos de su discurso en la 81.ª Asamblea General de la ONU circulaban profusamente por las redes y no pudo evitar fijar la vista en su imagen encuadrada en la pantallita de vidrio, en un momento en que afirmaba: «Venezuela debe abandonar el camino […]

Cuando Delcy regresó a la habitación del hotel, ya los videos de su discurso en la 81.ª Asamblea General de la ONU circulaban profusamente por las redes y no pudo evitar fijar la vista en su imagen encuadrada en la pantallita de vidrio, en un momento en que afirmaba: «Venezuela debe abandonar el camino que permitió el extremismo y la intolerancia se impusiera sobre la convivencia democrática». Sin querer dejó escapar una expresión de asombro.

«¿Pero esa soy yo?», fue la pregunta que la asaltó y volvió a mirar, intrigada, su imagen de blanco impecable en el cuadrito táctil del móvil. Esta vez oyó: «Esa etapa debe cerrarse para iniciar un nuevo tiempo político basado en la verdad, la justicia y la capacidad de mirar hacia adelante juntos, y encontrar en el diálogo político respetuoso un espacio genuino para dirimir las diferencias que como venezolanos tenemos buscando siempre un horizonte a favor del país».

Ya no pudo evitar plantarse ante el amplio espejo ovalado de la peinadora y encararse a sí misma. «¿Esa eres tú, Delcy Eloína? ¿Qué te pasó? ¿Desde cuándo salen de tu boca palabras tan lisonjeras? No, no, ¡esa no debo ser yo!». Pero, por las dudas, fue en busca de los papeles que revisó con Jorge la noche antes de su salida hacia Nueva York. Ahora la estupefacción fue mayor. Topó con un párrafo en el que afirmaba: «¿Quiero en esta 81 Asamblea General de la ONU agradecer al presidente Donald Trump y a su gobierno por su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela». Hizo memoria y, ciertamente, se recordaba haciendo esa afirmación porque justo en ese momento se oyeron estruendosos ataques de tos y como de voces atragantadas en las delegaciones de Cuba e Irán. Ya no tenía dudas. Sí, era ella quien había pronunciado ese discurso, lleno de ofertas de amplitud y respeto, garantías que nunca tuvieron los contrarios políticos, aperturas de puertas para «una justicia cabal para todos» e invitaciones «a construir juntos el renacimiento de Venezuela». Ella renace, tú renaces, todos renacemos… Algo le había pasado. Esa no era ella, la Delcy-Delcy de flamígera lengua contra los yanquis, su imperialismo y su neoliberalismo, resteada con el chavismo, el socialismo y el antineocolonialismo. Ella no podía haber dicho aquello de que garantizará «condiciones reales de participación para todas las fuerzas políticas del país». No, qué va, ni con una superdosis de burrundanga. «¿Sería que me la dieron durante el apretón de manos?», llegó a sospechar.

Pero así pasó. Nueva York nos mostró una Delcy Rodríguez desconocida, inimaginable. Una convencida creyente del diálogo y la diplomacia, que ahora sabe «donde están todas las puertas que se deben abrir». Por supuesto, así como supo dónde estaban para cerrarlas, actuando como una de las cabezas responsables del enorme retroceso en que hundieron a Venezuela y a todos sus ciudadanos.

Delcy Rodríguez seguramente nos ha querido decir que su otra vida, su tormentoso pasado ha quedado atrás y que ha renacido a la democracia. No por una reflexión profunda y verdadera o por un arrepentimiento auténtico de todos sus abusos y desafueros, sino por el poder de convicción de los misiles y los drones de la Delta Force que surcaron los cielos de Venezuela la madrugada del 3 de enero. Eso sí, no le pidan elecciones porque eso saldrá de la «sabiduría ancestral» del pueblo venezolano. Más preciso hubiera sido decir que se escogerá de acuerdo al terminal de un sorteo de la Lotería del Zulia en una fecha a convenir algún día.

 

Pero lo cierto es que esa demanda es un clamor tan grande y extendido nacionalmente que esa será una de las primeras puertas que tendrá que abrir la mandataria tutelada. Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

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