En el barco donde regresa a Buenos Aires, el angustiado personaje Julio Arguelles (Carlos Gardel), se aferra a la barandilla mientras lo envuelve la nocturnidad del paisaje marino y canta: «Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida». Viene de un recorrido de desgraciados avatares, tantos que sus errores lo arrastraron a la indignidad de robarle a su propio padre.
Algunos historiadores de las artes cinematográficas consideran que esa escena de la película El día que me quieras, estrenada después de la muerte de Gardel, y que corresponde a la interpretación del tango «Volver», es el primer videoclip de la historia, pero no es al lado artístico al que queremos dedicarle este espacio.
Apenas queremos tomar prestado el renglón poético de Alfredo Le Pera donde se presagia el choque de un pasado sórdido, aterrador, con la reality del presente para echar una mirada a nuestro entorno político.
Es el choque con el pasado el que está estallando brutalmente, en seguidilla, día tras día, con el paso de las horas ante el rostro de los amos del poder en Venezuela. Ese pasado de violaciones continuadas de los derechos humanos. El pasado del robo serial de los recursos del pueblo, el de la corrupción desenfrenada y de la burla de la Constitución y de la soberanía del pueblo, entre otros desafueros.
Ese pasado emerge como un mosaico de rostros, donde figuran víctimas y victimarios. Así, años y años de represión y persecución política han venido a quedar simbolizados durante las últimas semanas en las caras de Víctor Hugo Quero Navas, desaparecido, encarcelado, muerto bajo custodia del régimen y ocultado su injusto final durante nueve meses. Y al lado del rostro de Quero Navas, el de su anciana madre, Carmen Teresa Navas.
Pero al lado de esos dos rostros que hoy inspiran la lucha por el retorno a la libertad y los DDHH, aparecen rostros siniestros, los que ya son el emblema de la corrupción, de los extravíos y el manejo harto inescrupuloso del poder.
La cara de Alex Saab ha vuelto a los espacios mediáticos, por nuevas corruptelas y violaciones a las leyes bancarias de los Estados Unidos. Fue convertido en héroe por la cúpula madurista, de la cual fueron sostén vital e imprescindible los hermanos Rodríguez, y regresado a Venezuela por otra jugada negociadora «magistral» de Jorge: simple burla a lo pactado con la administración Biden.
Risible y desvergonzada la justificación que da el régimen para su deportación: no es venezolano, tenía una cédula chimba. Toda una osadía reducir uno de los casos de mayor corrupción en la historia de América Latina a una simple irregularidad de su estatus migratorio. ¿Tampoco para detectar eso sirvieron los cubanos?
No recuerda el triunvirato tutelado que antes lo convirtieron en superministro, embajador, negociador en diálogos con los EEUU, y le permitieron invertir a sus anchas en una amplia gama de rubros económicos mediante contratos que dejó a medias o estafó por completo a la nación.
No podía faltar en este reencuentro terrorífico con «el pasado que vuelve», el rostro de Tarek El Aissami: ministro, gobernador, vicepresidente, presidente de Pdvsa, poderoso integrante de la misma cúpula en la que ahora faltan Maduro y Cilia Flores.
Después de ocultarlo por años, sin mayores noticias sobre un caso de corrupción en PdVSA en el cual se hizo con más de $20 mil millones, ahora clama por su vida, denunciando a la «justicia» que él mismo ayudó a envilecer.
El toque internacional de elenco tan distinguido lo pone el ex presidente español José Luis Zapatero, asiduo visitante de la corte miraflorina, donde por años se paseó entre sonrisas desplegadas y/o amapuches de la hoy gobernante interina.
El caso Plus Ultra, por el cual acaba de ser judicialmente acusado en España, lo involucra a él, su familia, su partido el PSOE, el gobierno de Pedro Sánchez, el régimen Venezolano y otros del Medio Oriente.
Nunca estuvo tan presente ese pasado de oprobio y nunca, a pesar de los obstáculos que todavía representa este régimen con tutelaje extranjero, tan auspicioso el futuro.
Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.
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