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Gotas de alboradas. Adalberto Orta. ¿27 años no bastan?

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Hay una pregunta que atraviesa el alma venezolana como un lamento colectivo: ¿27 años de violación a los derechos humanos, represión al pensamiento distinto y deterioro sistemático de la vida cotidiana no bastan?
La recuperación económica que algunos celebran con cifras macroeconómicas, crecimiento del PIB petrolero, alivio fiscal, acuerdos parciales,  choca frontalmente con la realidad que se vive en cada hogar. Porque la grandeza de una nación no se mide en barriles de petróleo negociados en despachos lejanos, sino en si un jubilado puede comprar sus medicamentos, si un maestro tiene pupitres para sus alumnos, si una familia puede soñar sin que la devaluación le arranque el porvenir.
El presidente Trump señaló recientemente que lo negociado en torno al petróleo venezolano podría pagar 25 veces el costo de la guerra con Irán. Si eso es cierto, ¿por qué ese caudal no se traduce en salarios dignos para los trabajadores y profesionales de Venezuela? ¿Por qué se sigue postergando la justicia social bajo el argumento de «primero estabilizar la economía»?
La respuesta no es técnica. Es política. Es cultural. Es el reflejo de un modelo que ha aprendido a coquetear con el desastre mientras una élite, encabezada hoy por los hermanos Rodríguez y los mismos apellidos que han usufructuado el poder durante casi tres décadas, continúa disfrutando de una «dulce vida» que contrasta con la miseria generalizada.
Mientras tanto:
· La salud está en terapia intensiva.
· Los servicios públicos son una vergüenza cotidiana.
· La infraestructura educativa se desmorona: estudiantes de la UDO en oriente reciben clases sentados en el suelo, baños en ruinas, transporte interno inexistente, comedores universitarios condenados a la inacción.
· Una juventud entusiasta y democrática sale a la calle exigiendo un país posible.
El auge económico de un país no puede caminar de espaldas a su pueblo. Bonanza y bienestar deben transitar juntos. De nada sirve que las cifras mejoren si una familia sigue pasando hambre, si un profesional gana un salario miserable, si el costo de la vida degrada la existencia.
Es perentorio iniciar el sendero hacia un acuerdo nacional. Un pacto que priorice el cambio de gestión político-administrativa a través de un proceso electoral limpio, vinculante y urgente. Los venezolanos anhelan cambio. El hambre no espera. La corrupción no puede continuar.
La oposición democrática está obligada a madurar, a integrarse, a construir una hoja de ruta unitaria. No por cálculo electoral, sino por supervivencia colectiva.
Venezuela saldrá adelante después de este túnel tenebroso que ha opacado la luz de la sabiduría durante casi tres décadas. Pero no saldrá sola. Saldrá cuando el pueblo, la política y la economía caminen juntos. Cuando la recuperación deje de ser un dato frío y se convierta en justicia caliente en cada hogar.
Parafraseando al Libertador Simón Bolívar: ¿27 años de violación a los derechos humanos y represión por pensar distinto no bastan?
Actuemos ya!
*Isla de Margarita*

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