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Hasta el final…es el plan A, por Ángel Monagas

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Es un hecho universal que muchos políticos tienen planes de contingencia o «Plan B», en caso de que sus ideas originales no funcionen o se vuelvan impopulares.

Sin embargo, la naturaleza específica de estos planes y la forma en que los políticos los implementan pueden variar.

La nueva actitud de los electores requiere que los políticos sean transparentes y honestos con el público sobre sus planes y estrategias para mantener la confianza y la confianza de la gente que representan. Ocultar, negar, una situación en principio puede ayudar. Luego puede ser todo lo contrario. Efectivamente, la importancia de tener un plan de contingencia ante un enemigo mortal es fundamental.

Por ejemplo, en las apariciones públicas es importante que los líderes y los responsables de la seguridad evalúen y preparen estrategias para proteger a la gente y defenderse ante cualquier amenaza.

En países donde se respete el Estado de derecho, esto incluye la cooperación y coordinación entre agencias de seguridad, la inteligencia y las fuerzas armadas para garantizar una respuesta rápida y eficaz ante cualquier situación. En otros, las empresas privadas.

Plan B en campaña electoral

Un Plan B en política, especialmente en una campaña electoral, es una estrategia alternativa o un plan de contingencia, que se utiliza cuando las circunstancias cambian o cuando los planes originales no funcionan como se esperaba.

Esto puede incluir reevaluar las posiciones políticas, cambiar la estrategia de campaña o buscar nuevas alianzas.

Por ejemplo, en una campaña electoral, el Plan B podría implicar enfocar más en temas locales en lugar de temas nacionales, si y sólo si se observa que los electores están más interesados en los problemas que afectan directamente a su comunidad.

Venezuela enfrenta realidades que la gente no tiene tiempo de pensar otras cosas: Electricidad, seguridad, agua, inflación, etcétera.

El Plan B también podría incluir buscar nuevas alianzas con otras facciones políticas para ampliar el apoyo y la base de votantes.

En ese sentido debe revisarse la naturaleza del nuevo «socio», pues lejos de sumar puede restar.

Es importante tener en cuenta que el Plan B no es un signo de debilidad, sino más bien una demostración de adaptabilidad y flexibilidad ante circunstancias cambiantes.

En política, como en cualquier otra esfera de la vida, es importante estar abierto a nuevas ideas y estrategias para lograr el éxito.

La decisión de anunciar o negar un plan B depende de la situación específica y los objetivos que se quieren alcanzar. Vital es, considerar las circunstancias y la información disponible antes de tomar una decisión.

Esto puede ayudar a mantener la confianza de los aliados y la opinión pública, y puede ser un movimiento estratégico para mantener la ventaja en una situación competitiva.

Por otro lado, negar un plan B puede ser una forma de mantener la confianza en el plan original y demostrar determinación y confianza en su éxito. Esto puede ser útil en situaciones en las que se quiere evitar la confusión o la desconfianza, o cuando se quiere transmitir una imagen de fuerza y estabilidad.

Resumiendo, la decisión de anunciar o negar un plan B, está circunscrita a una situación específica y a los objetivos que se quieren alcanzar.

Es básico considerar las circunstancias y la información disponible antes de decidir.

Negarlo o admitir el Plan B

Negar la existencia de un plan B en una aspiración política, es necesario cuando el enemigo es extremadamente peligroso, no respeta las reglas del juego y no es democrático.

Es importante reconocer que la negación de un plan B en política puede ser una estrategia arriesgada.

Sin embargo, la negación de un plan B puede ser una forma de transmitir confianza y determinación en el plan original.

Considerar las circunstancias, la historia, los hechos.

En este caso, es importante tener en cuenta la naturaleza del enemigo y su capacidad para manipular la información y la opinión pública.

Es altamente útil mantener la transparencia y la comunicación con aliados y la prensa para mantener la confianza y la credibilidad.

¿Cuáles serían las posibles respuestas, ante la materialización del impedimento de que María Corina Machado sea la candidata de la oposición, es decir sea reconocida? 

Si María Corina Machado fuera impedida de ser reconocida como candidata de la oposición, podrían surgir varias respuestas posibles de parte de sus partidarios y la coalición de la oposición:

  1. Acción legal: Podrían impugnar la decisión en los tribunales, citando la violación de los principios democráticos y el derecho a participar en el proceso electoral.
  2. Presión internacional: Podrían apelar a organismos internacionales y gobiernos extranjeros para ejercer presión sobre el gobierno venezolano y garantizar un proceso electoral justo y transparente.
  3. Manifestaciones públicas: Los partidarios podrían organizar protestas y manifestaciones pacíficas para mostrar su apoyo a María Corina Machado y exigir su reconocimiento como candidata de la oposición.
  4. Candidatos alternativos: Si la impedimenta no se resuelve, la coalición de la oposición podría considerar la selección de un candidato alternativo para representarles en las elecciones.
  5. Boicot: En el caso más extremo, la oposición podría optar por boicotear las elecciones, argumentando que no es un proceso democrático legítimo. Esto podría dar lugar a una mayor investigación internacional y posibles regresos de sanciones contra el gobierno.

Varias de estas acciones han sido puestas en práctica, no obstante el efecto no ha sido el esperado.

En cualquier caso, la oposición necesitaría evaluar los posibles beneficios y riesgos de cada acción y tomar una decisión basada en lo que consideren más eficaz para alcanzar sus objetivos.

María Corina Machado ha dicho:

«El régimen está atravesando por un período de debilidad nunca antes visto debido a la actual correlación de fuerzas. Aun cuando ellos gritan, los únicos recursos con los que cuentan son la violencia y sus esfuerzos por generar el miedo. Nosotros dentro de las fuerzas de la oposición estamos hoy más fuertes que nunca», dijo la dirigente.

Las últimas encuestas publicadas en Venezuela sugieren que Machado está en lo correcto. La opositora derrotaría a Maduro en unas eventuales elecciones presidenciales por una relación de 72% a 8%, según un sondeo de opinión publicado esta semana por la firma Meganálisis, una de las más serias.

No podemos seguir navegando en el mar de las medias verdades.

El problema del chavismo no es la popularidad. Eso a ellos no les interesa. No es prioritario. Maduro no es Chávez ni lo será. Sus preocupaciones son otras.

Maduro sabe que en una elección libre de presiones, con legalidad, no gana. El asunto para él y para las figuras que gobiernan es mantener el poder. Se trata de una situación de vida o muerte, así de simple.

A los dictadores, a los regímenes de fuerza les preocupa ser populares, en tanto y en cuanto mantengan el control.

Los dictadores y los regímenes de fuerza, a menudo, les preocupa ser «queridos», ya que la legitimidad y el apoyo popular son factores cruciales para mantener el poder.

Sin embargo, el concepto de popularidad puede ser manipulado y distorsionado en estos regímenes.

La propaganda estatal y la represión de la libertad de expresión pueden crear una fachada de popularidad, pero no necesariamente reflejan la opinión real de la población.

*Lea también: Vivir con las sombras o salir de la cueva, por Luis Ernesto Aparicio M.

Es preciso examinar de cerca las fuentes de información y las circunstancias que rodean a los regímenes de fuerza, donde un partido es el que gobierna, para entender mejor la verdadera popularidad de un dictador.

A mi juicio es un error promocionar actos de violencia en contra de la oposición. Eso no suma voluntades, las restas. Por el simple hecho de que nadie va a someterse a tratos crueles si puede evitarlos.

Las sanciones fracasaron como mecanismo de presión.

La opinión internacional es inocua. Ejemplos como Cuba, Nicaragua, etc. lo evidencian.

Como conflicto Venezuela no llega a estimaciones de peso. La «invasión armada», un sueño que reposa en el imaginario colectivo.

No veo sustitución dada las características de María Corina y colocar una «jefe de campaña» en reemplazo de candidatura, no llenará el vacío del liderazgo alcanzado de MCM.

La abstención no conduce a mejores derroteros.

El escenario vigente es simple: Hasta el final…es el plan «B»

Se me acabó el papel…

Ángel Monagas es abogado y comunicador.

TalCual no se hace responsable por ni suscribe las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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