Cuando era niño, en los años 80, veía con asombro ese salón donde se reunían los más grandes figuras de los súper héroes: la Mujer Maravilla, Batman, Acuaman, el hombre araña, los gemelos fantásticos, entre otros, todos listos para salvar el mundo. La cómic se llamaba la Liga de la Justicia. Para mí, ese salón era un lugar mágico, lejano y de otro planeta.
Hoy, entiendo que ese salón nunca estuvo lejos. Siempre estuvo en mi tierra querida llamada Venezuela.
Porque cuando la tierra se abrió y produjo dos terremotos en La Guaira, cuando la tierra se enfureció en Morón y en Tucacas, no aparecieron superhéroes con capas ni poderes sobrenaturales. Aparecieron otros héroes. Los de verdad. Esos que no tienen capa ni vuelan.
Médicos, enfermeras que sostuvieron vidas con sus propias manos. Rescatistas que cavaron entre escombros sin descanso. Bomberos que desafiaron réplicas. Vecinos, amigos y sociedad civil que abrieron sus puertas y compartieron su comida y ayudaron a sacar escombros. Jóvenes que cargaron cajas de agua, medicinas, insumos, etc, y colaboraron en los centros de Acopio a embalar y organizar.
Todos ellos, héroes sin capa, sin prensa, sin discurso, sin política. Solo con el instinto de ayudar a nuestros hermanos.
La Guaira, Morón y Tucacas fueron el campo de batalla. Pero el salón central, el cuartel general de esa liga anónima, estuvo en cada rincón donde un venezolano decidió que el miedo no podía más que la solidaridad.
Superhéroes de verdad no vuelan. Cargan. No lanzan rayos. Tienden la mano. No tienen identidades secretas. Tienen nombre y apellido, y muchos de ellos ni siquiera serán recordados en los titulares. Pero para quienes recibieron su ayuda, fueron más que héroes: fueron salvación.
Hoy, al recordar esas historietas de mi infancia, sonrío. Porque entendí que la fantasía más bonita se quedó corta frente a la realidad más hermosa: Venezuela tiene su propia Liga de la Justicia, y su salón central late en el corazón de quienes dan sin pedir nada a cambio.
A todos ellos, mi admiración eterna. A todos ellos sin excepción, mi respeto más profundo. En especial al grupo de héroes sin capa de «La Isabelica» , Municipio Valencia, Estado Carabobo.
Porque ellos son la verdadera grandeza de esta tierra. Ellos son la prueba de que, aunque el mundo se caiga, siempre habrá quien se levante para sostenerlo.
La mejor política es la acción, la ayuda, la colaboración y la presencia para construir un mundo mejor dando la mano a quien más lo necesita.
Los héroes sin capa entendimos:
Marcos 12:31:
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos».
Gracias héroes sin capa.
Atentamente.
Licenciado Luis Fernando Colmenares.






