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POR FERNANDO LAZARDE ​El Espejismo del Poder y el Verdadero Renacer de una Nación

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​I. La anatomía del engaño: Entre la geopolítica y la realidad de la calle
​A lo largo de nuestro análisis, hemos desarmado minuciosamente la gran tramoya que se opera desde los centros de poder internacional, particularmente desde Washington, en perfecta complicidad oculta con quienes hoy administran la crisis interna. Nos pintan un tablero de ajedrez geopolítico lleno de discursos solemnes, sanciones de papel y supuestas disputas ideológicas, pero al levantar esa alfombra lo que queda al descubierto es un negocio puramente mercantilista. Vemos los taladros y los barcos petroleros operar sin descanso, facturando fortunas en la sombra, mientras al ciudadano de a pie se le pretende adormecer y controlar con la entrega de bonos mensuales de 70 dólares a través de un sistema digitalizado.
​Esta es la viva demostración de lo que llamamos la administración de la miseria. Hemos dejado claro ante los ojos del lector que no hay ingenuidad alguna de nuestra parte. Con 70 dólares nadie come completo, nadie cubre un tratamiento médico real y ningún ser humano puede afrontar una contingencia familiar o despedir a sus seres queridos con un mínimo de dignidad. Mientras las riquezas nacionales fluyen hacia arriba y cruzan las fronteras, abajo el pueblo se ve obligado a estirar las migajas para sobrevivir treinta días. Pero como bien asentamos en nuestro debate: el estómago vacío no piensa. Cuando la subsistencia básica se vuelve imposible, la ficción política se desmorona. Para que el cuerpo social de la nación sane, hay que extirpar el cáncer de la corrupción y el entreguismo por completo; no sirven los paños calientes ni las falsas promesas de televisión.
​II. El legado de Platón: La falsa justicia y el saqueo institucional
​Para dar fundamento universal a esta realidad, recurrimos a uno de los pilares del pensamiento clásico en la antigua Grecia. Platón, en sus reflexiones sobre la justicia en La República, nos dejó una sentencia que encaja con precisión matemática en nuestra situación actual: «La mayor injusticia es parecer justo sin serlo.»
​Cuando las potencias extranjeras y las cúpulas políticas locales se disfrazan de tutores humanitarios, salvadores de la democracia o defensores del bienestar del pueblo, mientras en privado pactan la repartición de los recursos y el desvalijamiento del Estado, cometen el peor de los crímenes. La verdadera justicia no surge de la fuerza impuesta ni de convenios firmados a espaldas de la gente para mantener un statu quo conveniente. El verdadero Estado de Derecho y la salud de una república sólo pueden refundarse a partir de hombres probos y de una estructura moral donde el valor del trabajo y el mérito desplacen a la complicidad y al saqueo.
​III. El legado de Aristóteles: La dignidad del artesano y la resistencia del cimiento
​Frente a las vicisitudes y los golpes de la fortuna, la filosofía aristotélica nos ofrece la respuesta exacta sobre dónde reside la verdadera fuerza para resistir y reconstruir. Aristóteles nos recuerda en su Ética a Nicómaco que el hombre de valor y prudencia soporta los reveses del destino con nobleza y moderación. Utiliza una analogía magistral que resuena profundamente en quienes conocemos el oficio de dar forma a la materia: un buen general emplea el ejército de que dispone lo más eficazmente posible para la guerra, y un buen zapatero hace el mejor calzado con el cuero que se le da.
​Trasladando este pensamiento a nuestro análisis, el venezolano honesto actúa hoy como el buen constructor en medio de la peor de las tormentas. Aunque los materiales sean escasos y el entorno sea adverso, sabe exactamente dónde colocar cada machón, cómo calcular los pesos y cómo mantener nivelada la estructura para que la obra no se venga abajo. La nación hoy puede estar golpeada, postrada y viviendo bajo condiciones indignas, pero su base técnica y moral —representada en la gente que sabe trabajar con honestidad

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