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Rumbo a Barinas, por Gregorio Salazar

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El proceso electoral que desembocará en el 28 de julio, día de los comicios presidenciales, se asemeja cada día más, hora a hora, paso por paso, al desarrollado en el estado Barinas, donde la oposición unida puso fin a la nepótica hegemonía que la familia Chávez había ejercido durante 21 años.

Y esa similitud radica principalmente en que la fuerza de ocupación que ejerce control total sobre Venezuela, esa cúpula chavista que todo lo puede y que ante nada se detiene, ha desplegado cuanta acción ventajista, inconstitucional e ilegal y en todo terreno pueda ejecutarse para retener el poder. Esta vez el Poder Ejecutivo.

Fue la repetición de la elección a la gobernación de Barinas, ganada por Sergio Garrido, una escenario calculado y preparado por el régimen hasta el último detalle, donde no se escatimaron recursos económicos, abusos en el orden institucional, campañas comunicacionales, censuras, un verdadero aquelarre operacional que incluyó la búsqueda de votantes en las áreas circunvecinas de Barinas, para revertir lo que había sido la legítima victoria de Freddy Superlano en el más simbólico de los estados, la natal Barinas de Hugo Chávez.

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La meta no parecía difícil, dado que eran apenas 130 votos los que habían dado la ventaja a Superlano en la primera votación. Como es historia, de nada valió semejante operación, multimillonaria y atosigante, donde se trató de avasallar al pueblo de Barinas. Cada pueblo fue tapizado de afiches, recorrido por dirigentes enviados desde Caracas, con regalos a granel de electrodomésticos y la repentina llegada de servicios públicos que habían desaparecido hacía tiempo. Aun así, la derrota de Jorge Arreaza, una de las fichas del más íntimo entorno de la cúpula roja, fue categórica y terminante. Una pela que aceptaron mansamente. Tenían todo, absolutamente todo, menos los votos para ganar. Pequeño detalle.

El inicio oficial de la campaña electoral en este mes de julio encuentra al embajador Edmundo González Urrutia instalado en el primer lugar de las preferencias electorales para la presidencia de la República con una ventaja ya inalcanzable para el candidato que representa la continuidad del desastre, Nicolás Maduro, cuando estamos a poco más de veinte días del 28 de julio.

Ni González Urrutia – candidato, por cierto, sobrevenido como Garrido– ni nadie pudo imaginar no solamente este cuadro electoral donde una persona sin trayectoria política, sin haber optado nunca a un cargo de elección popular, sería el abanderado nacional para la misión histórica de derrotar a la cabeza de un régimen autocrático de 25 años e iniciar el desmoronamiento de esta suerte de fuerza de ocupación, sin escrúpulos ni contrapesos institucionales, que oprime a Venezuela y la ha hecho retroceder un siglo.

Como en Barinas, donde el dinamo que impulsó la elección de Garrido fue el inhabilitado Freddy Superlano, ha sido también una figura victoriosa la que le ha endosado su capital político a Edmundo González para llevarlo a la presidencia. María Corina Machado está a la cabeza de la fuerza de cambio que mueve al país, la inspira, la conduce y la viene multiplicando desde hace más de ocho meses cuando más de dos millones y medio de ciudadanos la eligieron su candidata presidencial en las primarias del 22 de octubre.

Es verdad que el avance opositor ha sido indetenible en el trayecto de más de un largo año de contienda política y que Machado ha estado a la vanguardia acompañada por las fuerzas de la unidad. Pero ahora se está en pleno proceso de la consolidación de esa victoria, Como ocurre con los ejércitos, hay que consolidar la logística, contrarrestar las escaramuzas oficialistas, prevenir las emboscadas, organizar y dotar a los efectivos de todas las capacidades organizativas para defender el triunfo en las mesas de votación el gran día de la verdad.

Podemos intentar, aquí entre nos, ponernos por un momento en las botas de quienes hoy tienen planteada delante de sí la perspectiva cierta de ser derrotados el 28 de julio y ver cómo se les va de las manos un territorio, pleno de riquezas y potencialidades, que ellos han manejado a su antojo, con un poder omnímodo, como nunca lo tuvo ningún grupo político en la Venezuela en casi un siglo y, encima, someterlo al régimen cubano.

Se acerca el día de una grande e histórica victoria popular. Vencer a Maduro será un gran paso, pero no el único que se necesita para que Venezuela vuelva a la senda de la institucionalización, de la modernización y de la apertura de oportunidades para todos, de la paz y la convivencia. Que la victoria sea clara, terminante, irrefutable y defendida por todos quienes nos sentimos profundamente identificados con un mejor y gran futuro para las nuevas generaciones de hijos de esta patria.

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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