La presencia de venezolanos en el mercado laboral de Chile continúa disminuyendo y acumula once meses consecutivos de retrocesos interanuales, según un estudio divulgado este sábado 31 de octubre que apunta a posibles señales de una nueva emigración de ciudadanos de esa nacionalidad hacia otros destinos.
El análisis del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC-UDP), elaborado a partir de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE), reveló que la fuerza laboral venezolana se contrajo 8 % entre julio y septiembre de 2026, en comparación con el mismo trimestre del año anterior. La disminución representa 42.694 personas menos dentro de la población económicamente activa.
La reducción no se limita a quienes trabajan o buscan empleo. Los datos muestran que la población venezolana en edad de trabajar cayó 5,8 %, equivalente a 36.058 personas menos en doce meses. En paralelo, el número de inactivos aumentó en 6.635, una diferencia que llevó a los investigadores a considerar que buena parte de la contracción podría estar relacionada con una reducción de la población venezolana residente.
El panorama también se refleja en el empleo asalariado formal del sector privado, donde se contabilizaron 60.879 puestos ocupados por venezolanos menos que un año atrás. La cifra contrasta con el comportamiento de otras nacionalidades extranjeras, cuyos trabajadores sumaron 23.071 empleos de este tipo durante el mismo período, mientras los ciudadanos chilenos registraron una disminución de 72.939 puestos.
Sin embargo, la contracción no afecta de la misma manera a todos los migrantes venezolanos. Entre quienes tienen menos de cinco años viviendo en Chile, la fuerza laboral se redujo en 52.728 personas, una caída de 35 %. En cambio, entre aquellos que llevan cinco años o más establecidos en el país hubo un incremento de 11.867 trabajadores, equivalente a 3,1 %.
Las diferencias también son notorias según el nivel educativo. El grupo con estudios superiores completos perdió 53.818 integrantes de su fuerza laboral, una reducción interanual de 18 %, mientras que entre las personas cuyo máximo nivel académico es la secundaria completa se registró un aumento de 22.051. Por edades, el retroceso fue más pronunciado entre los 25 y 34 años, dentro de un descenso general concentrado en la población de 25 a 49 años.
Otro resultado llamativo fue la brecha entre hombres y mujeres. La participación de los venezolanos en la fuerza laboral cayó 20,1 %, mientras que la de las venezolanas aumentó 7,1 %. A pesar de la reducción general del empleo, la tasa de desempleo de esa comunidad bajó hasta 5,8 %, debido a que la fuerza laboral disminuyó más rápidamente que la cantidad de personas ocupadas.
Las señales de esta tendencia ya habían aparecido en estudios anteriores del mismo observatorio. En su informe correspondiente al trimestre junio-agosto de 2026, el OCEC-UDP registró una contracción de 10,6 % en la fuerza laboral venezolana, con 57.159 personas menos respecto del año anterior. En esa oportunidad, los investigadores identificaron diez meses consecutivos de retrocesos, especialmente entre los migrantes de llegada reciente, hombres y personas con estudios superiores.
A principios de año, otro indicador había encendido las alertas. Según cifras de la Superintendencia de Pensiones reseñadas por medios chilenos, los trabajadores venezolanos que cotizaban en las administradoras de fondos de pensiones (AFP) disminuyeron hasta 200.708 en marzo, el nivel más bajo en seis años. Especialistas señalaron que esa tendencia podía estar relacionada con la emigración, cambios hacia trabajos informales y modificaciones en las estrategias de regularización migratoria.
Pese a estos retrocesos, los venezolanos siguen siendo la principal comunidad inmigrante de Chile. Un documento publicado el viernes 30 de octubre por el Instituto Nacional de Estadísticas, basado en el Censo 2024, confirmó que las personas nacidas en Venezuela representaban el 41,7 % de los 1.608.650 inmigrantes internacionales censados. Los investigadores advierten, no obstante, que las estadísticas laborales no permiten comprobar cuántos venezolanos han abandonado efectivamente el país ni establecer sus nuevos destinos.
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