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Una decisión impostergable, por Gregorio Salazar

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Las circunstancias de hundimiento extremo que ya vivía Venezuela, ahora exponencialmente agravadas por la doble desgracia sísmica del 24 de junio, reclaman decisiones fundamentales en todos los órdenes.

Y si una es prioritaria es acometer la tarea ciertamente titánica de rescatar todas las zonas afectadas y las condiciones de vida de sus ciudadanos, la otra es que ello no postergue indefinidamente ni haga imposible el restablecimiento pleno de la democracia en Venezuela.

Al impacto de los eventos políticos, militares y ahora de un cataclismo de la naturaleza, los venezolanos hemos ido dejando atrás etapas muy complejas sin que se decante adecuadamente ni estabilice la previa. Los sucesos nos han ido llevando a empellones.

A un parteaguas histórico le sucede otro sin que las corrientes queden nítidamente deslindadas. Vamos del «antes y después», sin que lo segundo cristalice con todas sus potencialidades. Una frustración ha sucedido a la otra.

Así han quedado irresolutos los escenarios abiertos con la victoria electoral del 28–J y la posterior intervención norteamericana para desalojar del poder a Nicolás Maduro el 3–E, hitos históricos que ahora quedan bajo el impactante influjo de los eventos sísmicos que mantienen en estado de duelo y conmoción a toda Venezuela.

La victoria electoral sobre Maduro, que debía conducirnos al cambio en democracia con vigencia de la Constitución y plena reinstitucionalización de todos los poderes, no produjo los frutos esperados, sino el afianzamiento de una dictadura cada vez más inescrupulosa, más represiva y corrupta. Y la obstrucción de la ruta electoral.

Y el proceso abierto el 3–E por la intervención militar para llevarse a Nicolás Maduro, que todos esperamos todavía conduzca a la salida gradual pero sin pausa del chavismo del poder y el rescate de la vía electoral, se ha visto estancado por una anti histórica alianza de comunistas delirantes e imperialistas, al parecer no menos delirantes.

En el desarrollo del pacto que evidentemente se forjó antes de la extracción de Maduro, los primeros traicionan y envían al muladar de la historia todas las trasnochadas consignas que –decían– apuntalaban su razón de ser: chavistas, socialistas, revolucionarios y sobre todo antiimperialistas.

A voz en cuello la gritaba la casta cívico–militar–policial que hoy se postran dócilmente para facilitar la exacción de las riquezas que pertenecen a todos los venezolanos.

Tutores y tutelados están represando el desarrollo de un proceso político que encausamos los venezolanos en los comicios del 28–J donde escogimos a Edmundo González como presidente de la República y a María Corina Machado como la líder fundamental de la oposición.

No fue un regalo, fue un reconocimiento a la lucha librada para una victoria épica sobre una dictadura que se había reservado todas las ventajas sin límites que imaginaban los haría invencibles.

Desde hace meses y ahora en medio de esta catástrofe se ha impedido el retorno a Venezuela de María Corina Machado. Un derecho que nadie le puede arrebatar a la hora de sumar su liderazgo, sus esfuerzos y el apoyo internacional que se ha granjeado a la recuperación de Venezuela.

No se trata de venir a desatar una campaña política desestabilizadora en medio de la tragedia. La señora no es tan lerda como para intentar semejante despropósito. Sino de que contribuya a una tarea inmensa que nos compromete a todos, que nos reúna a todos y de ninguna manera ignore y excluya a quien ha consolidado su liderazgo y representa a la gran mayoría de la población venezolana.

 

En estos momentos el llamado Rodrigato y la administración Trump van a copar el protagonismo en la administración de los recursos y el manejo de la crisis socioeconómica dejada por la catástrofe. También pueden manejar a su antojo los tiempos para llegar a la fase de la reinstitucionalización prometida por los EEUU.

Si la presencia de María Corina Machado es neutralizada, excluida, apartada en esta hora de la crisis nacional también cobrarán fuerza todos los pretextos y justificaciones que ofrecerían las consecuencias de la tragedia sísmica para desfasar, retrasar o paralizar una vez más, la vuelta a la democracia en Venezuela.

Y, eventualmente, la afectación del liderazgo opositor que fue capaz de insurgir contra todas las adversidades que la dictadura le puso por delante.

En esta hora crítica, Machado se juega su liderazgo y la democracia venezolana su futuro. Retornar a Venezuela es una decisión urgente e impostergable.

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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