Resulta indispensable abordar la crisis de los partidos políticos porque, aunque parezca paradójico, esas organizaciones son los pilares fundamentales del sistema político y, específicamente, de la democracia contemporánea. Dicha realidad requiere un profundo análisis en el marco de una sociedad cada vez más atrapada en las hiperconectividad, las redes sociales, la hegemonia comunicacional y el autoritarismo.
De acuerdo a Giovanni Sartori, los partidos políticos son instrumentos clave de mediación entre la sociedad y el Estado, cuya función es canalizar las múltiples demandas ciudadanas hacia las entidades gubernamentales. No obstante, esa tarea planteada por el politólogo italiano hoy no es percibida por el grueso número de la población. Contrariamente, los partidos se han enquistado en sus luchas internas y se fragmentan cada vez más, ocasionándole un duro golpe a la democracia.
Otro problema que se observa en esas organizaciones es que dejaron de ser escuelas de formación doctrinaria para convertirse en espacios exclusivamente de prebendas y privilegios, generando «saltos de talanquera» o proliferación de nuevos partidos que responden más a criterios crematisticos. Además, predomina en su seno una ferrea estructura que alimenta la cultura de lealtad incondicional, autocracia, intolerancia a la pluralidad de ideas y freno a los liderazgos emergentes. Se cumple con la famosa «Ley de hierro de la oligarquía» formulada por Robert Michels, destacado sociólogo alemán.
En tiempos más recientes los partidos políticos han perdido la conexión con sus bases y experimentan una debilidad organizativa que no los hacen competitivos electoralmente. Esto obliga a establecer alianzas para sobrevivir en la, arena política. De manera que los partidos han perdido su base programática, desdeñan el esfuerzo por formar política y gerencialmente a sus militantes y, muchos de ellos, terminan capitulando frente al discurso y oferta populista de los gobernantes.
Estudios más recientes como los de los politólogos estadounidenses Daniel Schlozman y Sam Rosenfeld han sostenido que los partidos políticos operan como «empresas de servicios electorales vacías», totalmente desconectadas de los urgentes problemas ciudadanos. Estas agrupaciones están más enfocadas en una polarización por el poder y desarraigados de las aspiraciones de la gente. Han dejado de ser partidos de masas para ser simples «cascarones vacíos» sin doctrina política.
Ambos autores, en su libro «The Hollow Parties» (Los partidos vacíos), publicado en 2024, reafirman que las agrupaciones partidistas son organizaciones autoritarias pero ineficaces que operan, simplemente, como marcas electorales sin presencia activa ni permanente en la vida cotidiana de las personas. Este vacío institucional termina debilitando la democracia al sustituir el debate de ideas por la hostilidad y descalificación. De las apreciaciones de Shclomaz y Rosenfeld no escapan los partidos políticos venezolanos. Por ende, urge una reingeniería integral de ellos si queremos recuperar la democracia.
(*) Politólogo, profesor universitario y dirigente político.






