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Ahora jugó la casa blanca, por Fernando Rodríguez

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Hace unas semanas escribimos un artículo en que registrábamos una jugada de María Corina, inesperada y audaz, que ponía su barroca partida con el gobierno de Trump en un suspenso notable. Por primera vez lo desconocía, lo increpaba, y nada menos que en el ámbito del pacto petrolero que era meterse con el billete que […]

Hace unas semanas escribimos un artículo en que registrábamos una jugada de María Corina, inesperada y audaz, que ponía su barroca partida con el gobierno de Trump en un suspenso notable.

Por primera vez lo desconocía, lo increpaba, y nada menos que en el ámbito del pacto petrolero que era meterse con el billete que tanto ama Donald y, desde luego, con su luna de miel hasta entonces idílica con la presidenta Delcy Eloina.

Era una jugada importante que podría cambiar todas las reglas y estrategias del juego.

Justo lo llamábamos «Ya María Corina jugó», y subrayábamos que esperábamos expectantes el siguiente movimiento de Trump ante ese peligroso jaque.

Se acaba de dar. La White House, por la boca máxima del mismo Donald, dice que no hay inconveniente en que la señora venezolana regrese a Venezuela, que «todo saldrá bien». Este era el nudo de la cuestión, la amenazante reina, lo que estaba realmente en juego.

El suspenso había aumentado porque circuló a nivel global la noticia de que en siete oportunidades y con las más sucias y truculentas tretas el gobierno de Washington había saboteado posibles traslados por aire, tierra y agua de la Sra. Machado hacia su patria.

Rubio viene de declarar que se trata de un bulo, grandote, cosa poco que creíble, aunque en la noticia hubiese algo de truculencia. Y por otra parte MC y sus voceros insistían en su inminente llegada.

No hay que ser un politólogo para caer en cuenta que hubo una feliz transacción entre las partes.

Nota bene y frágil: es posible que los infelices y floridos saludos a Bolsonaro, ¡a Bolsonaro junior, hijo de su papá!, de MC tengan algo que ver con la cocción definitiva del arreglo, quién sabe.

Habrá pues que preguntarse cómo y cuánto va a cambiar la hasta ahora más bien apacible, tristemente apacible, vida pública de los venezolanos.

No nos adelantemos demasiado. Por lo pronto la señora en el campo de juego le debería subir la temperatura a éste y, a lo mejor, le pondrá un cambio de velocidad a la refacción de los instrumentos jurídicos e institucionales para que sea posible un proceso electoral limpio que restituya la democracia tanto tiempo perdida.

También a lo mejor producirá agitación creciente por ciudades y pueblos entre las facciones en pugna, dos y solo dos por ahora, chavistas y neoliberales, y hacer algunos trámites y conversas muy tensos.

Es capital, lógicamente, lo que hará Trump con sus dos amigas.

Es muy complicado decir mucho más porque ya sabemos que la situación nacional tiene mucho de absurda, de contra natura, y cualquier cosa poco usual puede reventar en cualquier parte.

Si usted disfruta del arte surrealista la pasará bien, seguro. Si le gusta lo clásico y dramático puede que más de una vez haya una lágrima suya sobre el tablero de juego (ajedrez).

Fernando Rodríguez es filósofo. Exdirector de la Escuela de Filosofía de la UCV.

TAL CUAL

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