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Diez lecciones para la redemocratización de Venezuela, por Marino J. González R.

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La elección presidencial del 28 de julio es una oportunidad para iniciar la segunda redemocratización de Venezuela. La premisa central de este proceso debe ser la aceptación plena de que el país ha devenido en los últimos veinticinco años en una franca autocracia (una de las cinco de América Latina en la actualidad, según Variedades de Democracia (V-Dem) de la Universidad de Gotemburgo, Suecia).

Es de especial relevancia examinar en la propia historia del país los aprendizajes que pueden identificarse para la redemocratización. Conviene tener presente las causas que llevaron al fracaso de la democracia el 24 de noviembre 1948, así como las opciones que se tenían para evitar ese desenlace. También es fundamental valorar los resultados de la primera redemocratización, esto es, las implicaciones del Pacto de Puntofijo (1958) para gobernar en coalición, y para las definiciones de las políticas públicas, así como para la calidad de la democracia y el bienestar de los venezolanos. En algunos casos, las lecciones están basadas en lo que se hizo bien, y en otros casos, en lo que se hizo mal, o en lo que ni siquiera se intentó.

Es evidente que la redemocratización de un país es un proceso de largo aliento, que se construye en la medida que se avanza, pero que también requiere conceptualización y estrategia. Antes de iniciar el camino es conveniente tener tareas preparadas. Independientemente de que en la marcha se puedan introducir cambios y ajustes. Ante la posibilidad que se abriría el 28 de julio, convendría tener realizadas las siguientes diez tareas, vale decir, lecciones, esperemos aprendidas, de nuestra propia experiencia democrática:

  1. La visión. Conviene plantear a los ciudadanos cuáles son los objetivos de la redemocratización. Explicar con dedicación lo que se puede aspirar, aunque la forma de alcanzarlo lleve tiempo. Explicar requiere comprender las expectativas de los ciudadanos, transmitir la confianza que deriva de la identificación de posibilidades y riesgos. No se trata de reconstruir lo que existía, no se trata de volver al pasado, a todas luces insatisfactorio. Se trata de transformar íntegramente al país.

En el Pacto de Puntofijo la definición de la visión ciertamente fue muy general. Se proponía: la «organización de la Nación venezolana», «atender en conjunto los intereses perdurables de la Nación», establecer una «política nacional de largo alcance». En su discurso de toma de posesión del 13 de febrero de 1959, el presidente Betancourt propone dos dimensiones para valorar el éxito de la nueva etapa que se iniciaba: alcanzar la democracia, y crear bienestar para los ciudadanos.

En la Venezuela de 2024 es posible detallar los alcances de este proceso de redemocratización. En primer lugar, el gráfico muestra la brecha del Índice de Democracia Liberal (IDL) entre Venezuela y los países líderes de América Latina en 2023 (Costa Rica, Chile, y Uruguay). La redemocratización debería tener como objetivo superar esa brecha en el menor tiempo posible. De manera que Venezuela ingrese a la brevedad en el grupo de las democracias plenas de la región.

Venezuela: Índice de Democracia Liberal (IDL) comparado con países líderes de América Latina en 2023

(1990-2023)

Fuente: Varieties of Democracy (V-Dem)

Para alcanzar la condición de democracia plena, Venezuela debe realizar cambios sustantivos para mejorar la cobertura de la población con derecho a elegir y la transparencia electoral, garantizar la mayor libertad de asociación, y la más amplia libertad de expresión. También se deben implementar modificaciones institucionales y legales para garantizar la igualdad ante la ley, los controles judiciales del poder ejecutivo, y los controles legislativos del poder ejecutivo.

En la dimensión de bienestar también es posible proponer objetivos que sean útiles para guiar las políticas públicas más adecuadas. Sabemos por la experiencia hasta 1998 que el modelo de desarrollo del país no cumplió con las condiciones de sostenibilidad y protección social de un Estado Social y Democrático. Los cambios que se requieren para modificar estos rumbos son aún mayores después de los grandes desequilibrios que se han generado en los últimos veinticinco años.

Transformar estas condiciones requiere una orientación hacia una sociedad que diversifica sus capacidades para producir. Esto es, que es capaz de promover las capacidades individuales y colectivas en un entorno favorable a la innovación y a la calidad productiva. Se trata de dar los pasos hacia una sociedad que agrega valor en todas las áreas.

El gráfico muestra la brecha del Índice de Complejidad Económica (ICE) de Venezuela con respecto a los países líderes de América Latina y a escala global. El ICE es una expresión de la diversificación productiva de los países, tal como es estimado por la Universidad de Harvard. Venezuela es el país con el menor ICE de América Latina. Es evidente que este inmenso rezago es una condición que afecta directamente las posibilidades de generar bienestar sostenible para la población.

Venezuela: Brecha del Índice de Complejidad Económica (ICE) comparado con países líderes de América Latina y a escala global

(1995-2021)

Fuente: Atlas de Complejidad Económica, Universidad de Harvard

La visión alternativa implica que la sociedad acuerde los plazos y características de las políticas públicas que permitan reducir esta inmensa brecha de complejidad económica. La comparación con los países de la región incluidos en el gráfico (todos ellos con ICE positivo) puede ayudar a definir los mejores escenarios para reducir la brecha en el menor tiempo posible. El seguimiento sistemático de los progresos es fundamental para garantizar la sostenibilidad y calidad del desarrollo del país en las próximas etapas. También es prioritario complementar estos dos aspectos (calidad de la democracia, y diversificación productiva) con los objetivos en las condiciones sociales de los venezolanos, expresiones del inmenso deterioro que se ha experimentado en estos veinticinco años.

  1. El acuerdo político. Es deseable que antes de la elección presidencial se establezcan las bases del acuerdo político que guiará la redemocratización. En 1958 este acuerdo político, el Pacto de Puntofijo, fue aprobado pocas semanas antes de la elección, y complementado, luego de terminar la campaña electoral, con el programa mínimo de gobierno. Dicho acuerdo fue entre tres partidos: AD, Copei, y URD. El presidente Betancourt se encargaría de explicar al tomar posesión las razones para la exclusión del PCV. En la actual situación de Venezuela la mayor amplitud de actores políticos partidarios de la redemocratización debería ser una condición de alta prioridad.
  1. El acuerdo con los adversarios. En 1958 los partidarios de la autocracia habían sido derrocados, algunos salieron del país, y otros no tenían mayor significación política. En la actualidad la situación es completamente diferente. Lo cual hace más exigente la necesidad de acordar la vuelta a la democracia. Pero ello requiere la convicción de parte de los adversarios, fundamentada en la autocrítica, y en el reconocimiento de las profundas distorsiones de la sociedad que se han producido en estos veinticinco años. Sólo en ese reconocimiento será posible explorar acuerdos sostenibles para que la visión compartida de la democracia pueda prosperar. No se trata de regresar a otra tiranía de las mayorías, se trata de convivir en un marco de respeto democrático inclusivo.
  1. El acuerdo de la sociedad. En 1958 también se concretaron otros acuerdos. Fue de vital importancia la coincidencia obrero-patronal, el impulso de la Iglesia Católica, la participación de estudiantes y profesores universitarios. La confluencia de estos acuerdos contribuyó a dar solidez a la redemocratización iniciada ese año. En 2024 también son prioritarios los acuerdos de múltiples expresiones de la sociedad (organizaciones no gubernamentales, gremios, sociedades científicas, universidades, iglesias, entre otras). Se trata de alcanzar el mayor nivel de consensos sobre los objetivos y los medios que permitan avanzar en la democracia y en el mayor bienestar de los ciudadanos.
  1. El reconocimiento de las elecciones. A diferencia de 1958, ahora existe un amplio consenso en muchos sectores sobre las grandes debilidades del sistema electoral. La aceptación de los resultados electorales por todos los actores es una condición necesaria para dotar al proceso de redemocratización del impulso compartido de la sociedad. En la medida que ese reconocimiento sea más amplio, las posibilidades de acordar los siguientes pasos son también mayores.
  1. El Gobierno de Unidad Nacional. Los partidos firmantes de Puntofijo señalaron al Gobierno de Unidad Nacional como el segundo compromiso (el primero era la defensa de la constitucionalidad). Concebían el gobierno como la cooperación entre las “corrientes políticas nacionales” y los “sectores independientes del país”. Tal cooperación es hoy mucho más necesaria. Los tiempos y las exigencias hacen mucho más urgente acometer la tarea de gobernar con el mayor cúmulo de capacidades y talentos.
  1. La propuesta programática. En 1958, a pocos momentos de las elecciones del 7 de diciembre, se anunció al país el Programa Mínimo de Gobierno. Dicho programa, ratificado por el presidente Betancourt al tomar posesión el 13 de febrero de 1959, contenía las políticas públicas que guiaron la acción de los gobiernos de Venezuela al menos por dos décadas. En la hora actual es crítico proponer a los ciudadanos las pautas de la acción de gobierno por un tiempo similar, combinando los objetivos para garantizar la máxima calidad de la democracia y el mayor nivel de bienestar. Tal propuesta requiere una visión de mediano plazo y la identificación detallada de las fases por las que transcurrirá la dinámica de la redemocratización.
  1. Un plan para la emergencia humanitaria compleja. En 1958 las condiciones sociales y económicas del país eran completamente diferentes a las de 2024. No existía la acumulación de efectos de más de ocho años de emergencia humanitaria compleja, como es la situación actual. Por ello se requiere la propuesta de un plan detallado para atención de esta emergencia para los próximos dos años (al menos). Tal nivel de detalle es de especial importancia para que el conjunto de la población conozca la forma específica de atender estos efectos a partir del 10 de enero de 2025 (fecha de inicio del próximo período constitucional).
  1. Un amplio acuerdo de cooperación internacional. Es bastante evidente que para transitar hacia una democracia que garantice bienestar, Venezuela requiere en esta etapa ingentes recursos financieros, provenientes de la cooperación internacional y bilateral, así como de la inversión internacional. Esta no era una situación crítica en 1958. Los arreglos para garantizar que el 10 de enero de 2025 se pueda describir al país las formas específicas a través de las cuales se atenderán estas dificultades, ya deberían estar en marcha. Se trata de informar al país de manera concreta cómo se enfrentarán estas situaciones desde el inicio del próximo gobierno.
  1. Un Consejo por la Democracia y el Bienestar. En el Pacto de Puntofijo se creó una Comisión Interpartidista de Unidad encargada del cumplimiento del acuerdo. Al producirse la salida de URD del Pacto, por las diferencias con respecto a la política ante Cuba, tal seguimiento no se realizó, con la excepción de las reuniones regulares entre Betancourt y Caldera. Esta nueva redemocratización exige otra institucionalidad. Podría ser la creación de un Consejo por la Democracia y el Bienestar, dependiente de la Asamblea Nacional, con los equipos humanos y financieros para realizar el seguimiento de la redemocratización, con la obligación de reportar de manera regular sobre los avances y restricciones, y con las competencias para informar a la sociedad y a todos los actores, pero especialmente para exigir los cambios de rumbo que sean necesarios para profundizar en la calidad de la democracia y en el logro del bienestar para toda la población.

Es deseable que Venezuela comience este proceso de redemocratización con estas tareas realizadas, o al menos bastante avanzadas. En la medida que estas enseñanzas de nuestra propia historia sean incorporadas, mucho mejor para facilitar la redemocratización. En caso de tener tareas pendientes, el país estará más expuesto a la incertidumbre y la pugnacidad. No hay nada mejor que prepararse con antelación.

*Lea también: Balance de Puntofijo: el bienestar, por Marino J. González R.

Marino J. González es PhD en Políticas Públicas, profesor en la USB. Miembro Correspondiente Nacional de la Academia Nacional de Medicina. Miembro de la Academia de Ciencias de América Latina (ACAL).

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