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El saqueo de un sueño: El mensaje mal interpretado..JOSE ALCOCER

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Hay frases que nacen para marcar el pulso de la historia, destellos de una visión que trasciende su tiempo para convertirse en faro de generaciones enteras. Cuando Simón Bolívar, desde la tribuna del Congreso de Angostura, proyectó la mirada hacia el porvenir y vislumbró a la América libre
«enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y de oro,»
no formulaba un plan de despojo, sino el acta espiritual de una emancipación generosa. Aquellas palabras condensan un anecdotario de fe en el porvenir: la imagen de un continente soberano, unido y próspero, capaz de ofrecer sus abundantes dones no para el enriquecimiento de potencias rapaces, sino como un aporte fecundo al intercambio, al progreso y a la hermandad de la humanidad entera. Era el reverso luminoso de la Colonia; la riqueza natural convertida en redención social y cultural.
Sin embargo, el devenir histórico ha tejido una paradoja desgarradora sobre el suelo venezolano. Aquella profecía de integración y dignidad ha mutado, bajo el peso de la expoliación contemporánea, en una farsa dolorosa. Hoy, las riquezas que Bolívar consagró al intercambio soberano y al bienestar colectivo están siendo esquilmadas en rigurosa dirección contraria.
Los recursos del subsuelo no fluyen ya como savia nutricia hacia el desarrollo de sus legítimos dueños, sino que son drenados por arterias de opacidad, corrupción y voracidad transnacional.
El oro y la plata que debían levantar templos de saber y libertad son hoy moneda de cambio para el empobrecimiento sistemático de una nación entera.
Asistimos a una contradicción ética, al espectáculo bochornoso de un territorio sobrado de recursos convertido en escenario de miseria, donde la promesa emancipadora agoniza bajo el peso del expolio.
El juicio de la historia
Releer hoy el Mensaje al Congreso de Angostura no es un mero ejercicio de arqueología patriótica; es un acto de contrición cívica y una interpelación urgente al presente. Las montañas de oro y plata de las que hablaba el Libertador no pedían cadenas de vasallaje moderno, sino el respeto sagrado que merece un pueblo dueño de su destino.
Mientras el saqueo continúe vaciando las entrañas de la patria en dirección opuesta al sueño fundador, la voz de Bolívar en Angostura no dejará de resonar como un eco de reproche. Nos recuerda implacablemente que la soberanía de un país no se mide solo por la magnitud de sus riquezas naturales, sino por la capacidad inquebrantable de sus hijos para defenderlas y ponerlas al servicio de la justicia y la libertad.
Economista José Luis Alcocer

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