Una intervención de una potencia extranjera no solo afecta la soberanía de un país. También puede alterar las relaciones económicas sobre las que se organiza una sociedad y, con ellas, su estructura de clases. Si cambian los propietarios y quienes controlan los recursos estratégicos, cambian las posiciones de poder dentro de la economía.
Eso empieza a observarse en Venezuela. El petróleo, la minería y otros sectores estratégicos están siendo reorganizados alrededor de nuevos operadores y de una presencia más directa del capital extranjero. Este proceso merece atención porque, junto con la pérdida de soberanía, está cambiando la estructura de intereses económicos. La cuestión va más allá de las lealtades políticas o las afinidades ideológicas.
COMPAÑÍAS PETROLERAS
El primer cambio se observa en el petróleo y la minería. Cuando buena parte de la actividad queda bajo control de compañías extranjeras, cambia la forma en que funciona el sector. Más allá de los títulos de propiedad, lo más importante es quién tiene el control efectivo, quién decide sobre las operaciones, el dinero y las inversiones, y quién participa de las rentas.
Ese cambio modifica también las posiciones sociales que se forman alrededor del sector. Aumenta el peso de gerentes y profesionales de las corporaciones extranjeras. Ingenieros, financistas, abogados y consultores pasan a trabajar cada vez más cerca de centros de decisión situados fuera del país. Se forma así una capa social vinculada a esos nuevos circuitos económicos.
NUEVOS NEGOCIOS
El proceso alcanza también las telecomunicaciones, los servicios financieros, la logística y las representaciones comerciales. Puede mantenerse una propiedad nacional o mixta mientras las decisiones estratégicas quedan atadas a capitales y redes externas. Con ello crece un sector empresarial y profesional cada vez más ligado a intereses económicos que operan fuera del país.
NUEVOS OLIGARCAS
Otro fenómeno es la aparición de propietarios vinculados a la transferencia de activos, contratos y negocios surgidos de la reorganización económica. La experiencia rusa de los años noventa muestra cómo una redistribución de activos puede producir grandes fortunas estrechamente relacionadas con el poder político y los mecanismos de asignación de recursos o propiedades.
En Venezuela, Alejandro Betancourt es la cara emblemática de este proceso. Su trayectoria muestra el vínculo entre negocios y centros de decisión. En lugar de una burguesía empresarial clásica, se perfila una fracción rentista cuyo acceso a activos y negocios depende de los contactos y la influencia sobre actores políticos.
LAS ÉLITES
Las élites económicas tradicionales no desaparecen. Se adaptan. Una parte mantiene sus actividades, otra puede convertirse en contratista o socio local de las nuevas operadoras. Algunos grupos se centran en la intermediación financiera o los servicios jurídicos. Las importaciones de bienes y servicios también se amplía en un modelo de economía de enclave.
El resultado puede ser más una alianza entre grupos que la sustitución de unos por otros. Unos aportan capital y relaciones dentro del país y los otros, un nuevo acceso a negocios y circuitos económicos en Estados Unidos.
CLASE MEDIA
Junto a esas élites destaca una capa de gerentes, abogados, consultores y especialistas financieros. Sus ingresos y oportunidades dependen cada vez más de sectores conectados con el capital extranjero. Los salarios en divisas pueden ampliar la distancia con quienes siguen en actividades de baja productividad.
LAS CAPAS POPULARES
En el otro extremo están los trabajadores de las actividades extractivas, logísticas y de servicios. Estos empleos pueden pagar más que buena parte del mercado nacional, pero dependen de operadores cuyos centros de decisión están fuera del país. Otra parte de la población queda ligada al empleo público, la informalidad o actividades de menor productividad.
Puede ampliarse una brecha que no es solo salarial. También es residencial y educativa, con sectores integrados al capital externo mientras buena parte de la población permanece fuera de esos circuitos económicos.
EL PODER POLÍTICO
De esta recomposición puede surgir una nueva relación entre las élites económicas y los liderazgos políticos. A medida que estos grupos consoliden sus posiciones económicas, aumentará su capacidad para influir sobre las instituciones, los medios de comunicación y otros espacios de poder. Las élites políticas, tanto del gobierno como de la oposición, tenderán a ponerse al servicio de estos intereses, haciendo de la representación política un instrumento para proteger las posiciones adquiridas por el capital emergente.
DESDE DENTRO
La pérdida de soberanía tendría así una dimensión interna más profunda. No se trataría solo del poder político y militar ejercido desde Washington. Está en juego también el poder económico que se instala dentro del país, en manos de nuevos sectores que controlan el capital y las rentas y pueden convertir ese poder económico en poder sobre la política y el Estado.:






